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Su voz

Era el tono de su voz, el que la llevaba a la bendita locura de desearlo con puro y absoluto fervor. Ignoraba que la pasión pudiese  viajar a aquella velocidad hasta introducirse de tal forma en su sangre, que la dejaba sumida en el más profundo de los delirios. Y sus silencios. Esos intervalos de silencios, que decían tanto sin decir, esos ya le hacían desear un camisa de fuerza, para impedirle no tirarse a su yugular. Y morderlo con ganas. Hasta hacerlo gritar de dolor. Y el deseo de clavarle las uñas en la espalda, hasta hacerle suplicar que bajase el ritmo de la presión, casi se convertía en el más prioritario de sus objetivos. Esa voz viajaba desde su oido hasta el mismo centro de su ser. Y la elevaba para luego dejarla caer. Y la enervaba. Y convertía cada uno de sus poros en volcanes líquidos. Era entonces cuándo las sábanas se aliaban para ser cómplice  de aquél lacerante fuego. No era capaz de pensar en otra cosa que no fuese en que la hiciera suya de pleno. En aquella cama, o contra la pared, o en el suelo, qué más daba el lugar. Aquél deseo que despertaba en ella, era sencillamente indescriptible. La mujer que habitualmente era, desaparecía para convertirse en puras llamas incandescentes. Le costaba horas intentar sacarse todo lo que le provocaba esa voz. Y eso era, cómo intentar quitarse el rojo de la piel, cuándo el sol la quemaba al no haber sido generosa con el bronceador. Prácticamente imposible.
Sólo volvía a ser normal...cuándo colgaba el teléfono.

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Te escribo esta carta para decirte que no he dejado de amarte ni uno sólo de mis días. Que mi mayor fortuna, fue que nuestros caminos se uniesen en un mismo punto. Que nunca me venció el cansancio cuando tuve que subir cada peldaňo que me llevó a tu corazón. Ni me arrepiento de todas las batallas que me tocó librar para proclamarme vencedor de tu amor. Te escribo esta carta para decirte que aún guardo los poemas que tantas veces derrochó mi pluma en tu honor. Y todos los sonetos que me acercaron a ti. Recuerdo cada vocal, cada consonante que mi boca le susurra a tu oído, cuándo duermo junto a ti. Hasta las sábanas están llenas de versos, porque cuándo hacemos el amor, es pura poesía. Te amo por encima de todas las cosas. Más allá de las nubes. Del sol. En cada aurora, te amo. En mis recuerdos. Estás en cada estancia de mis pensamientos. Lo ocupas todo y te amo. Te amo en pasado, en presente y en futuro. Hay maletas enteras llenas de nuestras risas, de nuestros momentos, de nuestras p…

Nada personal 123

Tus ojos, paisaje donde me detendré a cada minuto. Tu voz, canción con estribillo que deleitarán a mis oídos. Tus manos, amarras de las que no me soltaré. Pero tu boca...,tu boca será el lugar del cual nunca querré volver. (09/06/2015)

Nada que hacer

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- No. No es mía. La acabo de oír por la televisión.
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- Claro.
- ¿Cuánto?
- No puedo ni decirlo. Supongo que mucho.
- ¿Supones?
- .......(silencio).
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- No. Ahora mismo no. Siempre.
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- Hay momentos en el día, esos momentos donde la nostalgia y el amor me puede, que me entran unas ganas enorme de gritárselo a la puta cara. Pero hay algo muy fuerte que me frena.
- ¿ Qué es eso tan fuerte que te pueda parar a ti? A ti. Que no te frena ni una flota de trenes de mercancías...
- Él y su maldita estupidez. Eso me frena.
- Vaya. Me acabas de dejar sin palabras.
- Mejor. Así no tengo que oírte. ¿ No tienes nada m…