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Mostrando entradas de febrero 13, 2014

Perdóname los silencios

Perdóname la cobardía de escribir palabras en versos y no ser capaces de decírtelas a ti. Perdóname mis ausencias, mis idas y mis vueltas. Perdóname mis silencios. Los pinté de colores para que no te dolieran demasiado y no te dejara la vida en blanco y negro.Perdóname cada lágrima que te hice derramar, perdonáme cada uno de tus suspiros envuelto en lamento. Perdona los gritos que callaste y te hirieron cómo aristas de cristal. Perdóname las despedidas sin despedidas, que tuviste que soportar cómo un auténtico guerrero con armadura y espada. Te empeñaste y quisiste guardar en tu alma, mi alma. Y  mis pasos, mis sonrisas, mis desvaríos, mis ojos. Las flores que me gustaban, la letra de nuestra canción. Las palabras calladas, las que se dijeron, las que se ocultaron y las que murieron detrás de cada línea, de cada párrafo. Guárdaste hasta las que se quedaron mudas a orillas de nuestras bocas. Perdóname tus ganas de convertirme en poema para así leerme cuándo me extrañas. No soy mujer p…

Amaneceres sin ti

Hoy te he vuelto a ver. Llevabas el pelo recogido de esa forma que me encantaba. El sol te daba de pleno en la cara y llevabas los ojos entrecerrados. Algo raro, porque nunca olvidabas tus gafas de sol. Eran parte de ti. He tenido que atar mis ganas de llamarte, con cadenas de acero. Tu nombre me ha quemado el estómago y ha alojado brasas en mi garganta. Le pedí al camarero un vaso de agua, pero anduvo tan lento que para cuándo me la bebí, tenía ya quemaduras de primer grado. Deberían de despedirlo. Ya decías siempre que para cuándo traía tu café, era mediodía. Lo exagerabas siempre todo. Tú te enfadabas y yo me reía. Tenía que calmarte, porque siempre te daban ganas, de tirarle el café por encima de esa inmaculada camisa blanca que llevaba. Has pasado por mi lado y ni cuenta te has dado de mi presencia. Y eso que estaba en aquella cafetería tan nuestra. Aún no puedo entender cómo pudiste olvidarme. Fíjate, yo que siempre fui torpe para desabrochar tus botones, algo que te hacía reir…

Huellas de barro

Oigo el ulular de unas sirenas a lo lejos. Me despiertan. Hace frío cuando salgo de la cama. Mucho frío. No recuerdo un otoño tan gélido. Miro por la ventana. Los cristales están helados. La lluvia de los últimos días ha dejado grandes surcos en la tierra. Tengo tanto frío. Bajo al salón. Necesito algo de calor y la chimenea me lo proporcionará. Acerco las manos para calentarme pero no siento calor. Me las miro y veo que no tengo mi alianza. No recuerdo habérmela quitado. Nunca me la quito. Me levanto y vuelvo sobre mis pasos y entonces, las veo. Huellas de barro por todo el salón. Aquello me encoge el corazón. Lo siento latir en la garganta. El miedo me atenaza. Subo las escaleras con sigilo, procurando no hacer ruido. Hay huellas también en ellas. Llego de nuevo a los pies de la cama. Me fijo en el espejo que refleja mi imagen. El barro me cubre. No entiendo nada. No consigo recordar haber salido fuera y mucho menos, haberme metido en la cama así. Siento movimiento detrás de mí y m…