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Alas rotas ( primera parte)


Desapareció una mañana de mayo soleada y clara. Era domingo, le había prometido llevarla al parque y había cumplido mi promesa.
Me pidió permiso para ir a comprar comida para las palomas y se lo dí. No estaba lejos, de vez en cuando yo alzaba la cabeza del libro que estaba leyendo y la veía, hasta que en una de esas miré y ya no la vi más. Por un momento pensé que había ido a darles de comer a las palomas por su cuenta, así que me levanté para ir a buscarla.
Cuando después de dar varias vueltas no la vi me entró el pánico.
-¿ Ha visto una niña de unos seis añitos?
-No, no la he visto.
- Lleva una camiseta rosa con un osito en la parte delantera y un pantalón vaquero, es rubia, con  trenzas ¿Seguro que no la ha visto?
-No señora, no la he visto, ya se lo he dicho.
Hice esa pregunta con esa misma descripción unas cuarenta veces a toda persona que me cruzaba. Y otras cuarenta veces me respondieron lo mismo. Nadie la había visto. ¿ Cómo era posible que nadie la hubiese visto?.
Busqué en mi bolso el móvil para llamar a la policía, no encontraba el maldito teléfono porque no podía controlar el nerviosismo de mis manos, cuando al final dí con él me costó un mundo marcar los escuetos números de la comisaría.
-Comisaría de policía, ¿dígame?
-¡Mi hija ha desaparecido, estoy en el parque de la avenida central, por favor, tienen que ayudarme, llevaba...!
-Señora, haga el favor de tranquilizarse porque no logro entenderla. ¿ Ha dicho que su hija ha desaparecido?
Respiré profundamente, sabía que si gritaba  no iba a poder entenderme con él, así que bajando el tono de la voz repetí:
-Mi hija ha desaparecido, estoy en el parque de la avenida central, por favor... !ayúdeme!
-Señora, quédese donde está, enseguida va una patrulla hacia allí.
Mientras los esperaba volví corriendo hacia donde fue a comprar la comida para las palomas y entonces lo vi. En el suelo había una bolsa de plástico con más de la mitad de su contenido desparramado por el suelo. Me quedé petrificada, esa bolsa era de mi hija, estaba segura. Le había dado tiempo de comprarla pero se le cayó de las manos y se quedó allí por algún motivo.
Conseguí que mi cerebro le dictara a mis pies la orden de que anduvieran y anduve unos pasos más. A los pies de un árbol encontré una cinta rosa. La recogí y la apreté en mi mano,era una de las cintas  que mi hija llevaba en una de sus trenzas.
Sentí que me faltaba el aire, me eché hacia atrás con gesto mecánico un mechón de pelo que caía sudoroso por mi frente. Sabía lo que había pasado. Se la habían llevado. Alguien se llevó a mi hija casi delante de mis narices y yo no me di cuenta siquiera.
Corrí como una condenada hacia la entrada del parque para hacerme ver por la policía cuando llegaran. Vi a lo lejos las luces centelleantes del coche de policía aunque ya previamente había escuchado el ulular de las sirenas.
Los recuerdos a partir de ahí son vagos, difusos, no consigo acordarme muy bien de lo que vino después,ni de lo que hablé, ni de lo que me dijeron.
Sí recuerdo el apretón en el brazo en señal de consuelo callado que me ofreció un señor, la mirada lastimera de otro...
Sentí que todo se volvía negro y que la tierra se abría bajo mis pies.
Desperté en la cama de un hospital. Fui a incorporarme pero unas correas me lo impidieron.
¿ Por qué demonios estaba atada? ¿Dónde carajo me encontraba?
Empecé entonces a dar fuertes empujones con la cama a la pared, mientras gritaba:
-¿ Puede oírme alguien????

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Quedan advertidos.