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Perdóname la despedida

Cómo un payaso oculto mi dolor entre sonrisas vacías. Carentes de nada. Mi alma rota se esparce por entre las baldosas. Cuándo creo que ya no puede romperse en más pedazos, viene otro vendaval y cómo las hojas de una margarita vuelve a deshojarse. Trozos de alma aquí y allá. Y no las puedo recoger porque siento que si me inclino, me romperé yo. Y me escondo en  los callejones oscuros del silencio. Dónde las palabras no existen. No puedo hablar porque siento que hasta mi garganta crujirá si lo hago. Porque tengo la renuncia de tu amor en el borde de la boca. Que me quema a fuego lento.Y tengo miles de lágrimas que no me dejan ver por dónde camino. Estoy perdida hoy. Y tengo tu nombre en la mano para enterrarlo e iniciar el largo duelo del olvido. Renunciar a ti acabará conmigo, lo sé. Y seré soledad deambulando por cada esquina del dolor. Y tu dolor se convertirá en amargos tragos que habrás de beber. Que habré de beber. Te dejaré mis versos y mi prosa. Por si te ayudan. Te dejaré...

Despéjame una duda

Qué tiempo sin verte amor. Perdón que te moleste y perdón que aún te llame así, pero es que no sé llamarte de otra manera. Toma, ten un paraguas. Llueve y sé de tu manía de no llevarlo. Por eso traje dos. No debería de decírtelo, pero ya sabes tú que no soy de callarme nada. No olvidé ni uno sólo de tus besos. Llevo aún conmigo cada uno de nuestros momentos. He de confesarte que me he perdido en cientos de alma y que le he hecho el amor a otros cuerpos. Pero me fue imposible volver a encontrar tu aroma. Ninguna huele cómo hueles tú. Me he vuelto loco intentando rescatar en cualquier rincón, las mismas sensaciones que sentía cuándo estaba contigo. Negativo. Nada. No hay ninguna que se parezca a ti, ni siquiera en lo cruel. Me dejo la piel en olvidarte. No lo logré. Y juro que lo he intentado, pero no soy capaz de conseguirlo. Y le pongo empeño, no te creas. Pero aún, soy soldado rendido a los pies de tu mundo. Me ganaste. Y lo peor es que ni siquiera luchaste para ganarme la batalla. ...

Las cartas, mejor en mano.

¿ Qué desde cuándo la conozco? Ni lo sé ni me importa. Creo que mi vida comenzó cuándo la vi. De ahí que me traiga sin cuidado las fechas. Hoy estoy frente a su buzón. Con una carta en la mano y con la duda de depositarla o de llevármela de vuelta conmigo. Posiblemente esta carta no la reciba nunca. Aún no lo sé. Parado como poste no me decido. No obstante, he tenido la necesidad de escribirla.Sólo así daré cómo ganada esta batalla con este loco y cabezota corazón mío, que no se cansa de andar librando luchas conmigo. Le he escrito que sencillamente estoy enamorada de ella y que si desnuda mis madrugadas, juro  vestir todos sus amaneceres. Le he pedido que me regale las palmas de sus manos y la mirada que le dedica a la luna.Y que convierta su cuerpo en mis deseos concedidos. Que me llene la vida con su voz y con su risa. Y haga suya el roce de mis dedos. Que me quiera locamente. Y que me permita retirarle el cabello de la frente. Que me deje rondar la orilla de su boca y navegar...

El ladrón de lo ajeno

Ya me dijeron que había gente que se apropiaba de lo ajeno. De lo que no era suyo. Hoy en día no te puedes fiar ni de tu propia sombra. Mi madre siempre me lo decía, hija mía no seas tan confiada. Y yo erre que erre, dejando las puertas de par en par y las ventanas abiertas. Y claro. Así pasó lo que pasó. Que vino el muy bandido y se apoderó de todo lo que era mío. Sin permiso. Sin llamar siquiera. Con toda la caradura que el chaval posee. Me ha robado hasta el alma y yo que creía que esa la tenía a buen recaudo. Y el corazón, que aunque no lo tenía guardado, tampoco es que lo tuviese expuesto en un tenderete, ahí a la vista de todos y al alcance de cualquiera. Y no crean que el chico está preocupado, que va. Se ha quedado más ancho que pancho el maldito condenado. Y ahí está todo feliz y sin condena alguna. Y se lleva mis besos con su boca traicionera. Y me roba las caricias con sus manos ladronas. Manos expertas. Y deja huella, porque no crean que no tiene el descaro de no usar gua...

El corazón debería dar opciones

Nunca supe cómo ponerle rejas al corazón. Soy algo despistada y seguro que pierdo las llaves si le pongo candado. Debería de tener alto y seña para impedir que alguien que no te va a amar, ponga sus pies en él. O tener a mano ladrillos fuertes para poder construir tu propia fortaleza. Y hacerlo inquebrantable. O ponerle muros de acero blindado. O al menos un timbre para que puedas saber antes de abrir, quién es el que llama. Pero yo no lo tengo así. Esto no funciona así. Y entonces vino él. Y cómo huésped se instaló en el silloncito blanco que había puesto cuidadosamente y con esmero en un rincón. Ni siquiera se descalzó, y cada vez que se levanta me hace daño su caminar ausente. Con la mente en otra parte, en otra persona. Sin quererlo yo ni pretenderlo él. Ahora permanece en mi corazón, pero no en mi vida.Y me llena de ausencias la existencia. Sufre por otro amor. El dolor que siente le impide acercarse a mí. Soy su amiga. Su consejera. Soy su pañolito blanco de lágrimas. Que dej...

No pronuncies mi nombre, mi amor

No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque entonces beberé de tu boca las gotas de savia que contienes y no responderé de mis actos. Me declararé ladrón de tu piel y la marcaré entera con mis dientes. De tus pies hasta tu frente. No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque dejaré de ser el humano que soy y me convertiré en animal cuándo te oiga nombrarme.Y preñaré las sábanas del olor que  emanarás y quemaré tu cuerpo con la yema de mis dedos. No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque tendrás que perdonarme estas ganas y estas ansías de apoderarme hasta del aire que depositarás en mi oídos cuándo mis caricias te eleven. Me enervas y no sabes de qué manera. Tus piernas serán las puertas que querré abrir con absoluta desesperación y locura. No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque entonces mi voluntad pasará a ser, voluntades perdidas y no podré pensar en nada más que hacerte mía una y otra vez. Y tendrás que disculparme esos locos y apasionados movimientos que te harán esclava de mi cue...

Domingo. Nueve de marzo.

Domingo. Nueve de marzo. Te añoro. Me quiebra el alma este echarte de menos. Este no tenerte aquí y ahora. Disimulo. Y me pinto una sonrisa con ese carmín que uso habitualmente. Siempre se me dio bien disimular.Y hago cómo que no te pienso y sin embargo, llenas todos y cada uno de mis pensamientos. Y evito mirarme la piel que la tengo descarnada por tu ausencia. Me haces falta en todos mis momentos. En este mundo tan vacío sin ti. Y me sangran las heridas y hago cómo que no me duele. Y no miro al suelo para no  ver cómo está manchado de este dolor. He intentado limpiarlo .Más que nada para entretenerme y tener algo qué hacer. Pero las jodidas manchas persisten. Hasta le eché un quitamanchas de esos que anuncian en televisión y que según dicen, es infalible. Me estafaron. Porque no sirve. Y no puedo devolverlo porque ya lo usé. Pero mañana la lío parda en el supermercado. Me duele el sol que baila en el salón. Juraría que hasta se ha puesto su vestidito de domingo sólo para fastid...