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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos

Me llaman Erica

Susurran mi nombre a mis espaldas. Murmuran sobre mí. Es fácil hacer eso. Ya dicen que la lengua no tiene huesos pero es tan fuerte que puede romper un corazón. Que este no es el caso, debo decir. No me importa lo que piensen o digan de la vida que creen que llevo. Me llaman Erica, pero ese no es mi verdadero nombre. Me llamo Soledad. Creo que mi madre presagió que ese nombre me vendría bien. Soledad. Paso muchas horas con ella. Nos conocemos bien y nos respetamos mutuamente. Tiene un sitio de honor en el centro de mi alma.  Mi madre me decía siempre que la gente está llena de prejuicios y de falsa moral. Que es más cómodo juzgar por las apariencias que molestarse en saber la verdad que se oculta tras las personas. De ella aprendí a que tienes que vivir la vida de aquellos que juzgas, aunque sólo sea por un día, para permitirte el lujo siquiera de opinar. La vida del mendigo que te cruzas en la esquina, la de la cajera de supermercado, la del ejecutivo de una gran empresa o la d...

Existo

Un día en una cafetería, en una estación, en una playa, en un ascensor o vete tú a saber... conocerás al gran amor de tu vida. O cruzando una esquina te toparás con él. O sin buscarlo, lo hallarás en unos ojos que de repente te miran. También puede ser que el viento de un golpe, te arrebate tu sombrerito de paja y al recogerlo, te des de bruces con él. O tal vez, una voz te cale dentro y lo encuentres allí. O en estos tiempos modernos que corren, lo halles detrás de la pantalla de tu ordenador. Hay miles de sitios dónde te puedes enamorar. Y mil formas de hacerlo. Las mismas, que hay de perderlo. Y en la misma medida que has amado, sufrirás. Tu vida quedará varada cómo una barquita en medio del mar. Sea cómo fuere y vivas lo que vivas, me echarás la culpa o me darás las gracias, según te vaya. Lo mismo creerás en mí, que me maldecirás. Cómo si mi misión en la vida, fuese ir jodiendo a gente cómo tú. Hay personas que ni siquiera creen en mí. Me desprecian o niegan mi existencia. Otro...

La vida es como una caja de bombones

Esto iba a ser un relato para una persona que me lo pidió y a la cual le prometí hacerlo. Pero no me sale un relato, porque mis letras tienen que ir cargados de sentimientos positivos para poder narrar a algo. En este momento no los tengo. Pero sí me sale esta reflexión. O lo quiera que sea esto. El título es por él, porque un día le pedí un poema y riéndose empezó por esa frase. Por cierto, no terminó su poema. ************* En esta vida hay gente que se cruzarán en tu vida y te harán sentir de distinta manera cada una. Hay personas que se cruzan en la tuya y cuando se van, ni te enteras porque no te han importado nunca. Los hay que te dejan huellas profundas en el alma. Otros te dejarán recuerdos para todo una vida. Los hay que con sólo escuchar una canción aparecen en tu memoria. Los hay que te dejan cicatrices, como arañazos en el corazón. Las marcas no se irán nunca. Hay personas que se convierten en parte esencial en tu vida, pero cuando se ...

La alianza y la copa

Ha guardado la alianza de matrimonio en una copa que tiene dentro de un mueble. La ha guardado a hurtadillas, como una ladrona. En su lugar se ha puesto un anillo de plata para tapar la marca que le dejó. También para no sentir ese vacío que le ha dejado en el dedo. Con el anillo guarda los restos de un matrimonio roto. Guarda los recuerdos de un amor que un día fue profundo e inmenso. Deja en aquella copa los restos de un amor que se fue yendo a la deriva poco a poco y acabó naufragando. No quedan rescoldos de aquel fuego que un día existió. Ni siquiera recuerda cuándo y qué viento apagó aquella hoguera. Juró amarlo siempre... pero la palabra siempre se ha convertido en demasiado tiempo. Incluso hay un árbol en algún lugar donde ella marcó sus nombres dentro de un corazón, donde ponía Amor Eterno. Lo mira y siente una culpabilidad que la desgarra por dentro, pero se mira al espejo y se repite una y mil veces que ella no es culpable. Es como coger una rosa y qued...

Alas rotas (última parte)

Cuando volví a despertarme noté que las correas estaban más sueltas, que ya no me apretaban tanto. Me sentía muy débil, supuse que era por la medicación que me estaban administrando, no obstante probé a soltarme una mano y no tuve el menor problema en hacerlo. Me estaba deshaciendo de las ataduras cuando escuché que la puerta se abría. Me quedé muy quieta rezando para que la persona que entraba no se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Era una enfermera, la misma  de la tarjeta con las iniciales que leí justo antes de que me durmieran. Se acercó a mí y poniendo su cara a pocos centímetros de la mía me susurró: -En el forcejeo de hoy conseguí aflojarle las correas sin que nadie se percatara de ello. Estas no son revisadas porque dan por hecho de que es imposible que alguien las desate sin ayuda. -¿Por qué?, ¿por qué quiere ayudarme?- acerté a decir. -Eso no importa mucho ahora, escuche atentamente y no me interrumpa ya que no dispongo de mucho tiempo. Le dejaré mi re...

Alas rotas ( segunda parte)

¿Hay alguien ahí??? Me obligue a mí misma a quedarme quieta por un momento, tenía que pensar. Las correas no me ayudaban mucho ya que siempre he sentido pavor a no poder moverme y esto me creaba una profunda ansiedad, pero tenía que  sosegarme, de otra forma no podría pensar con claridad. Tenía que buscar una manera de soltarse de las malditas correas. Las miré estudiando un modo de liberarme, tenía las manos pegadas a cada lado de la cama, otra me sujetaba las caderas y otras me aprisionaban los tobillos. ¡Joder!, ¿cómo había llegado hasta allí?,¿que es lo qué me había llevado a esa situación?.No conseguía recordar nada, por más que buscara en mi mente, no lograba ... ¡espera un momento!. Con una brusquedad que casi me dolió recordé el día del parque, la bolsa tirada en el suelo, la cinta rosa, la policía... ¡Mi hija!, ¿dónde estaba mi hija?. Escuché que la puerta se abría y giré la cabeza hacía allí. Hizo acto de presencia un señor con bata blanca, cuya estatura me hi...

Alas rotas ( primera parte)

Desapareció una mañana de mayo soleada y clara. Era domingo, le había prometido llevarla al parque y había cumplido mi promesa. Me pidió permiso para ir a comprar comida para las palomas y se lo dí. No estaba lejos, de vez en cuando yo alzaba la cabeza del libro que estaba leyendo y la veía, hasta que en una de esas miré y ya no la vi más. Por un momento pensé que había ido a darles de comer a las palomas por su cuenta, así que me levanté para ir a buscarla. Cuando después de dar varias vueltas no la vi me entró el pánico. -¿ Ha visto una niña de unos seis añitos? -No, no la he visto. - Lleva una camiseta rosa con un osito en la parte delantera y un pantalón vaquero, es rubia, con  trenzas ¿Seguro que no la ha visto? -No señora, no la he visto, ya se lo he dicho. Hice esa pregunta con esa misma descripción unas cuarenta veces a toda persona que me cruzaba. Y otras cuarenta veces me respondieron lo mismo. Nadie la había visto. ¿ Cómo era posible que nadie la hubiese ...

Promesa cumplida

Fernando Galiano es cardiólogo y después de un día particularmente duro, se encamina a la salida del hospital pensando sólo en llegar a su casa  y descansar. Se siente extenuado. Se dirige hacia el aparcamiento y casi cuando le va a dar al mando para abrir el coche,  suena el teléfono móvil. - Fernando, ¿ Has salido ya ? - Casi estoy en el coche María ¿ Por qué? - Vuelve por favor, acaba de entrar un señor de extrema gravedad.  Lo hemos llevado al quirófano cinco. La voz de María suena con urgencia. Sin pensárselo dos veces da media vuelta y sale corriendo hacia el interior. Ya en la unidad de cardiología, se dirige al quirófano cinco y mientras María le va atando la bata., él lee el informe : Edad: Cuarenta y un año. Nombre: Alberto Montero.   Se para de golpe, tanto que María no se lo espera y choca contra él. - Fernando, ¿ Te encuentras bien? - Perdona... Abre con fuerza la puerta de quirófano y lo ve. Tendido en la mesa de op...

Maldito orgullo

Mario se levantó del sillón y su estatura pareció ocupar toda la estancia. Siempre le gustaron los hombres altos, eso la hacía sentirse segura, arropada.  Aunque ella siempre había fingido ser una chica fuerte, valiente, sin miedo a nada, en realidad por dentro era frágil como el cristal de bohemia.   -¿ No dices nada Ale?- preguntó con cierta extrañeza alzando un poco la voz.   - ¿ Qué quieres que diga?- le contestó ella-, ya lo has dicho todo tú.   - No sé... es que me esperaba otra cosa... no me esperaba esa tranquilidad por tu parte- titubeó Mario    - ¿ Esperabas que me rasgara las vestiduras?, ¿ Qué te armara un escándalo?- soltó un resoplido y se encogió de hombros- ¿ De qué serviría?. Ale se acercó a la ventana, fuera llovía con fuerza. Con gesto automático pasó el puño de la manga del jersey azul turquesa que llevaba puesto por el cristal formando círculos. Eso le permitió ver como la tierra de las plantas que tenía en el jardín caía...

Mio

Te miro y sé que cada parte de tu ser es mio. Mio es tu amor incondicional. Mio es tu cariño inmenso. Mio tus abrazos y mio tus besos. Mio tu mirar colmada de inocencia. Mio tus palabras. Mio tus silencios. Míos tus despertares y míos tus sueños. Mio tu risa y mio tu llanto. Míos tus tristezas y míos tus fracasos. Míos tus victorias y míos tus desencantos. Mio... porque naciste de mis entrañas. Mio... porque eres mi hijo. Dedicado a mis adorados hijos. Todos los hijos, por mayores e independientes que sean, siempre vuelven a ser pequeñas e indefensas criaturas cuando están en el regazo de su madre.

Jamás fui princesa

Un leve toque en la puerta me avisa de que alguien llama. Miro el reloj. Las diez en punto de la noche. Me levanto procurando ocultar el nerviosismo, porque sé a ciencia cierta de quién se trata. Abro la puerta y me enfrento cara a cara con él. Las miradas se cruzan. El la mantiene. Yo acabo siempre por apartarla. Sé que los ojos son un ventana al alma. No quiero que vea mi alma. Hace tiempo que viene. Todos los días. A la misma hora. Siempre el mismo gesto. El busca mi boca. Giro la cabeza y besa mi cara. Me trata bien, se nota que es todo un caballero. Me gusta su pelo moreno y cómo el flequillo le tapa suavemente los ojos. Eso hace que resulte aún más atractivo. Su andar destila elegancia y su voz pausada declara una educación que le viene de cuna. Todo él desprende un poder al que me cuesta resistirme. Procuro que no se de cuenta de los sentimientos que despierta en mí. Hace mucho tiempo que dejé de creer en cuentos de hadas. Sé que no exist...

La cajita roja

Estaba ensimismada mirando al frente sin mirar nada en concreto cuando hubo algo que le llamó la atención. Se levantó y cogió la nota que había en un mueble auxiliar del salón. La nota estaba doblada en cuatro partes perfectas y en el centro de la misma, con una letra que conocía desde que tenía uso de razón, se podía leer su propio nombre. La letra pertenecía a su madre. La desdobló y leyó: Sube a tu cuarto, abre el tercer cajón del armario y coge la cajita roja que hay allí. Frunció el entrecejo. ¿De qué iba aquello?, no entendía nada, no obstante hizo lo que la nota le ordenaba y subió las escaleras. Se dirigió al armario y abrió el tercer cajón. La cajita roja estaba allí. Su cajita roja. Tenía un broche dorado, de esos que se abren con una llavecita minúscula. El broche estaba abierto, ella lo dejó así porque había perdido la llave siendo aún una niña. La cogió, se sentó en la cama, se puso la cajita sobre las rodillas y la abrió. Se encontró con folios...