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Sin ti

Que como estoy me preguntas. Sin ti. Estoy sin ti.  (05/03/2015)

La que mentí fui yo

Estás en el puesto de flores, parado, la mirada perdida y el alma en el suelo, comprando unas flores que ni siquiera son del color que me gustan. Hoy caminas entre tus propias ruinas, pisando cada uno de tus putos fracasos a cada paso. El aire casi no pasa por tus pulmones. Derraman las suelas de tus zapatos el dolor de mi partida y llevas en el paladar el dolor de la no despedida. No pudiste despedirte de mí y la luna se tapa los ojos para no verte. Creo que hasta ella se avergüenza de ti. El camino largo y sinuoso lleva a una lápida cubierta de flores. Flores de todos los colores que casi no dejan ver el nombre en relieve inscrita en ella. No te dio tiempo a regresar aunque me lo prometiste una y mil veces. Y otras mil prometí yo esperarte. Ignorabas que me moría cada día un poco más. No te diste cuenta que me ahogaba sin ti. Me pasé media vida esperando a alguien que para cuando regresó ya era demasiado tarde. ¿Cómo comprarle flores a la mujer que mataste con tus ausenci...

Matrícula de honor para mí.

Y juro por mi vida que la quería a morir, pero no debí hacerlo bien porque la he perdido. Y con ella se me han ido los días en que me creía el rey de su vida. Fui derramando gota a gota y sin darme cuenta, la hiel de mis errores por las piedras que formaban nuestro amor, hiel que ahora me he de beber sorbo a sorbo. Y amarga. No solo en el paladar sino en el alma. Y ya no sé que hacer para recuperarla, ni que palabras pronunciar para que vuelva. Se ha convertido en ventanas cerradas de hierros forjados a cal y canto. Y no sé como llegar a ese corazón que hasta no hace mucho, latía por mí. Y me mata los recuerdos de su respiración tranquila cuando dormía segura junto a mí. Y el recuerdo de su piel a la que tantas veces dibujé lienzos de caricias interminables. Y Agonizo con el recuerdo de su boca que me brindó tanto amor escondido entre besos tiernos a veces, salvajes otras. Y lo peor es, que presiento que no es que me esté muriendo ya, sino las veces que moriré día tras día. Eterna a...

Adiós fingido

Él se vistió de orgullo  y ella se puso el traje de la falsa indiferencia. Él hacía cómo que no le dolía la despedida y ella disimulaba el dolor que aquello le causaba. El tiempo los convertiría en auténticos desconocidos. Una historia rota por un adiós fingido. Ahora jugaban a que nos les importaba a ninguno, la vida del otro. Ella se guardó cada momento vivido entre los trozos de soberbia que se inventaba. Y él permanecía recluido en los rincones del silencio. Ella, no daría marcha atrás, así muriera en el intento de querer volver una y otra vez. Y él, había recogido el puente que ella cruzaba para llegar a él. Ella se marchó sin volver la vista atrás y él se mordió la boca para no llamarla. Ella, en cada paso que daba alejándose de él, se guardaba las ganas de que sus manos la retuviesen. Él apretó los puños y las guardó en su bolsillo. El orgullo pintado, la sorberbia inventada y la indiferencia forzada se encargaría de convertir en nada... todo aquél algo que un día habían t...

Amaneceres sin ti

Hoy te he vuelto a ver. Llevabas el pelo recogido de esa forma que me encantaba. El sol te daba de pleno en la cara y llevabas los ojos entrecerrados. Algo raro, porque nunca olvidabas tus gafas de sol. Eran parte de ti. He tenido que atar mis ganas de llamarte, con cadenas de acero. Tu nombre me ha quemado el estómago y ha alojado brasas en mi garganta. Le pedí al camarero un vaso de agua, pero anduvo tan lento que para cuándo me la bebí, tenía ya quemaduras de primer grado. Deberían de despedirlo. Ya decías siempre que para cuándo traía tu café, era mediodía. Lo exagerabas siempre todo. Tú te enfadabas y yo me reía. Tenía que calmarte, porque siempre te daban ganas, de tirarle el café por encima de esa inmaculada camisa blanca que llevaba. Has pasado por mi lado y ni cuenta te has dado de mi presencia. Y eso que estaba en aquella cafetería tan nuestra. Aún no puedo entender cómo pudiste olvidarme. Fíjate, yo que siempre fui torpe para desabrochar tus botones, algo que te hacía ...

Crueldad en estado puro

Mientras camino a visitarte voy pensando que te has convertido en  la más dura de las ausencias. En mirada sin un atisbo de sentimiento que se aleja sin volver la vista atrás. Resuenan tus tacones por las calles de mis recuerdos. Y has dejado una estela de añoranza y puro dolor en los rincones de mi alma. Y la nostalgia se ha colgado de las paredes, las siento resbalar por las canaletas del tejado. Me lo habías advertido una sóla vez. No eras mujer de advertencias vanas. Me advertiste que te tendría por siempre, por entera. Pero que si te lastimaba una sóla vez, te convertirías en la más cruel de las ausencias que me tocara soportar. Y lo cumpliste. No eras mujer de dar una segunda oportunidad. Decías que aquél que no valoraba las cosas cuándo las había tenido, merecía sufrir cuándo las perdiese. Y con un golpe seco cerraste la puerta y atrancante los postigos de las ventanas. No eras una carta que se jugaba al antojo de nadie. Detestaste siempre los juegos. Y yo, estúpido dónde ...

Premio al mejor actor

Y te quise aún sabiendo que nunca te tendría. Te quise como se quieren todos los amores imposibles. Con ganas. Con dolor. Con desesperación. Con rabia. Te quise siempre. Desde que te vi entrar por primera vez en clase. Con tu faldita roja y tus calcetines a juego. Con tu jersey azul. Y tu coleta negra azabache. Quise tu mirada de niña y amo tu mirada de mujer. Y te sentaste a mi lado del pupitre y aún llevo el recuerdo de tu aroma infantil impregnado en mí. Y tu manía de poner la mochila en el suelo y mi costumbre de tropezar con ella. Quise tus risas. Tu estuche y tus lápices de cera. Y la goma de borrar que compartìamos, porque siempre se me olvidaba la mía en casa. Y quise nuestros juegos en el patio, y las tardes de estudios. Y te quise y me moría cada día un poco. Y te amo hoy y grande es mi amargura. Inmensas, largas y solitarias las noches que te he llorado. Pasaste de niña a mujer a mi lado y ni una sóla palabra se me escapó, que pudiera hacerte sospechar este loco y apasiona...

Silencio sin ti

Detesto los sonidos desde que no vives aquí. Hay tanto silencio que puedo percibir el más mínimo ruido, por tenue que sea. El motor del coche del vecino cuando vuelve del trabajo, es un ruido atronador para mí. Me acostumbré tanto a este silencio, que el sentido de mis oìdos se agudizaron a la fuerza. Tremendo el sonido del móvil, así que hace dìas opté por desconectarlo. Dejé de fumar, me molesta el click del encendedor. El despertador hace tiempo que lo tiré a la basura. No soporto su tic tac. Tomo café instantáneo, la cafetera me vuelve loca con su run run. Apenas si soporto el ronroneo del motor del frigorífico. Pero no lo puedo desenchufar por razones obvias.Y los días de tormentas me torturan. Creo que voy a mudarme, la iglesia la tengo demasiado cerca y no dejan de repicar las malditas campanas a cada hora en punto. He vuelto a usar bolígrafo para escribir, porque las teclas del ordenador suenan demasiado. Y los pasos de tu ausencia hacen crujir la madera del suelo. He tenido ...

Un mundo sin ella

Sé que tal vez suene egoísta, pero no quiero vivir si no está ella. No quiero un mundo si ella no lo habita. No quiero andar si no va de mi mano. Se fue así, sin más, sin darme tiempo siquiera a despedirme.Tengo en mi boca un adiós que le debo y  palabras que no pude pronunciar. También le debo caricias. Y besos. Y sonrisas. Y paseos. Y mañanas de sol. Y desayunos con tostadas. Y tardes en la playa. Lo mismo, allí dónde se encuentre, esté esperando que a mi también me llegue la hora de partir. Entonces podré volver a llenar este vacío inmenso que ahora es mi vida y tal vez pueda saldar todas esas deudas. Pero mientras tanto, veo los días pasar delante de mí, sólo los veo. Porque vivirlos, no los vivo. Se detuvo el tiempo y yo me paré con él. Ni siquiera busco razones para vivir. Porque no las hay, no las tengo. Mi razón era ella y ya no está. Sólo me quedan preguntas, lágrimas, soledad y miles de horas paradas en el reloj que hay en el salón. No quiero vivir un instante, ni siqu...

La despedida

Si vas a irte te rogaría dejar todo cómo estaba. Procura no llenar mi corazón de cicatrices, mi vida de vacíos y deja las nubes dónde yo las tenía. Las necesito porque a veces el sol pega  fuerte y me molesta en los ojos. Esos días en los que olvido las gafas de sol en casa. Procura también  dejar mis noches y mis días cómo te los encontraste a tu llegada. Lo que sí puedes llevarte es la molestia de decirme adiós. Aborrecí siempre esa palabra.

Invierno en el cuerpo

Él no conoció el invierno hasta que ella se fue. Lo dejó temblando. Hasta pensaba que los muebles de casa tenían escarcha. Las flores frescas del centro de la mesa, estaban congeladas ahora. Hasta la cafetera era incapaz de calentar el café. El sol no poseía la fuerza suficiente para tanto frío. Encendió la chimenea del salón y ni aún así conseguió dejar de tiritar. Temió que los huesos se le hubiesen convertido en hielo. Vivía en un lugar cálido y él que no conocía la nieve, hubiese jurado que al asomarse a la ventana...nevaba.

La espera

Aún te espero en el mismo lugar dónde nos despedimos. Me compré un bote pequeño y lo bauticé con tu nombre. Usé el color naranja porque sé que es tu preferido. Para que lo veas si vuelves y sepas que sigo aqui. Pasaron muchas estaciones ya, desde tu marcha. Cada verano pinto el bote, porque la pintura se descascarilla y no me gustaría que lo encontrases descuidado. Tengo la esperanza de que el viento te lleve mi voz. Grito fuerte a veces. Cómo nunca imaginé que pudiese hacerlo. Y te llamo. Pero hay días que el viento no sopla y tal vez el sonido, se quede a medio camino entre dónde estoy y dónde estés tú.  Mañana es mi cumpleaños. No sé ni los que cumplo ya, pero la imagen que me devuelve el espejo y las arrugas de mis manos...me dicen que hace una vida entera que te espero.

Cosas pendientes

Es verdad que me marché. Y mientras me despedía pensé que no podía existir tanta tristeza. Ignoras que tuve que inventarme hasta un poco más de aire porque el mio no me era suficiente para respirar en ese instante. Me marché a pesar del dolor que me causó y a pesar del dolor que pudo causarte a ti. Pero vivirás dentro de cada una de estas letras. Un trozo de mi corazón siempre te pertenecerá porque creo que ya nadie podrá acceder a ese lugar. Y yo permaneceré en algún lugar del tuyo. Tú y yo tenemos cosas pendientes. Cómo ver las estrellas y la luna en el mismo sitio. O tomar ese vino del que hablamos. Yo llevaré las copas. O pelearnos en el sofá para convencerte de que veas conmigo esa película romántica que tú te niegas a ver. No sé. Aún creo que ganaré yo. O comprar ese perfume que quiero que lleves puesto.  Y unas pocas de cosas más que ahora no recuerdo, porque soy incapaz hasta de pensar. Tal vez la vida tenga el honor de concedernos zanjar todas  esas cosas pendiente...

Te recuerdo

Llevo tu recuerdo pegado en la piel. En el día, en las tardes y en las madrugadas. A cada rato, a cada instante te recuerdo. Ahora llueve y recordé que me falta hasta el paraguas ese que traíste aquel dia, cuándo nos conocimos. Me dijiste que era tu preferido, porque era muy grande y te gustaba su color. No olvidaste cogerlo cuándo cerraste la puerta de un portazo y dejaste tu juego de llaves en el mueble de la entrada. Supongo que tendrás más cepillos de dientes. Ese rojo de listas blancas aún sigue en el armarito del baño.

Imposible recuperar

No te atrevas a pedirme nada, porque nada me queda para darte. Te entregué tantas cosas de mí, que ya no recuerdo ni que fuesen mias. Perdí hasta la memoria.  Al marcharte, todas aquellas cosas se quebraron como cristal. No puedo volver sobre mis pasos, porque seguro me haré pedazos los pies al pisar cada trocito de sentimiento que dejaste sobre el suelo. No, no te agaches y los intentes recoger. No, yo de ti no perdería el tiempo en tratar de unirlos como si fuesen piezas de un puzle. Ese pegamento que llevas en el bolsillo de tu abrigo, es demasiado poca cosa y carece de valor alguno.

A Noelia

Camina por la vida silenciosa y pausadamente, casi sin hacer ruido.   Camina al compás del gentío por costumbre, por rutina, por obligación, pero sin ganas.   Se deja llevar por la vida pero sin vivirla.   Se paró el reloj que marcaba sus horas.   Se inmovilizó el calendario que determinaba sus días.   Se atoró el motor que la guiaba.   Se estropeó para siempre el tren que la llevaba.   Se interrumpió el latido del corazón que latía junto a ella.   Se soltó de su mano sin casi tiempo para despedirse.   La muerte burlándose de su juventud se lo arrebató con crueldad, sin el más mínimo ápice de misericordia.   Lágrimas amargas inundan sus noches, en la soledad de su cuarto, en el vacío de su cama Lo recuerda como al hombre que amó por encima de todo, como al padre de sus dos amados hijos. En su cumpleaños arroja un ramo de flores en el lugar donde reposan sus cenizas, mientras una mano aprieta fuertemente su maltr...

Decisión final

Es temprano cuando  decido acercarme a la playa a tomar el sol mientras leo un libro. La playa a esa hora aún está desierta  y precisamente esa soledad es la que busco. En casa he dejado a mi marido que últimamente no se dirige a mí para nada. Como si no existiera, no sé... no lo entiendo. Mi hija ha salido temprano y ni siquiera se ha despedido de mí. Está en la misma situación que su padre, hablan entre ellos pero no conmigo. A veces hasta noto que les cuesta trabajo decir mi nombre.. El sol calienta muy suavemente. Me dispongo a coger una postura cómoda para mi quehacer cuando algo me hace mirar al frente y la veo. Veo a mi hija. No puedo evitar sorprenderme. ¿ De dónde ha salido esta niña? ¿ Por dónde ha venido?   Le hago señas con la mano pero no me ve. Grito su nombre pero no me oye. Si al menos supiera por qué está enfadada conmigo... Decido dejar las cosas tal cual y la dejo tranquila. En cambio, no puedo dejar de mirarla. ...

La pérdida de una madre

Te has ido y no te he dicho las veces necesarias lo mucho que te quería. Con tu partida me he quedado con miles de abrazos guardados que ya nunca podré darte. Al marcharte me has dejado con un cofre sin fondo lleno de besos que guardaré para siempre, pensando en los muchos que no te di. Se terminaron las conversaciones cómplices que desahogaban a mi corazón.   Las caricias que me demostraban tu amor incondicional las guardaré en mi alma así  como guardaré tu recuerdo. Contigo se ha ido mi parte de niña  y me has dejado con la parte de mujer que tiene que soportar tu ausencia. Siento que el tiempo que no te dediqué, me sobra ahora para echarte de menos. El sentimiento de tu pérdida es tan grande, que es imposible plasmar en un papel todo el estrago que has provocado en mi vida. Sobran las palabras, las letras... sólo queda el dolor que únicamente puede ser entendido por aquel que ya no tiene a su madre consigo. Besos, caricias, abrazos, miradas...

Te doy mi palabra de honor

El ruido de un frenazo y el impacto de metales me hizo frenar bruscamente. Puse la sirena del coche y encendí las luces  mientras giraba a toda velocidad para ir hasta el lugar del accidente. Un coche se había salido de la vía y había impactado contra un muro. Lo que antes era un coche ahora era un amasijo de hierros retorcidos e imposibles.   Aunque hacía ya algún tiempo que era policía, aún se me hacía muy cuesta arriba presenciar ese tipo de accidentes.   Mi padre siempre me decía que aquello eran gajes del oficio, que yo era un hombre y que los hombres soportaban esas cosas.   Muchas veces le hablé de dejar aquello y con voz iracunda y la rabia saliéndose por los ojos me gritaba:   -¿ Cómo puede ser posible que haya criado yo a este maldito gallina?.   - ¡ Lleva esa placa y ese uniforme con valentía, inútil!   No sé dónde guardaba los sentimientos el muy cabrón.   Cuando paré el coche y bajé,  rezaba para mis adentros mientras m...

Regalo mortal

Se le había hecho tarde. Solo cuando salió a la calle se percató de que ya era de noche, definitivamente el trabajo la tenía cada día más absorbida. Si hijo la había llamado una hora antes para preguntarle si tardaba mucho, no le hacía gracia que anduviera sola en mitad de la noche .Ella le respondió que no se preocupara y que la esperara para cenar. Se dio prisa para cruzar la distancia que la separaba del coche. Estaba a varias manzanas de allí, por la mañana le había resultado ardua la tarea de buscar aparcamiento. A los lejos se escuchaban pasos apresurados, como si corrieran. No le prestó mucha atención y volvió a concentrarse en sus propios pensamientos. De pronto lo escuchó. Agudizó el oído. Un gemido suave, tenue, apagado pero tremendamente lastimero que lo convirtió en lamento, hizo que volviera la cabeza y viera al chico tirado a un lado de la carretera. Se arrodilló junto a él. El chico se encontraba herido de muerte, la afilada navaja le había infringido una herida mortal d...