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Mostrando las entradas etiquetadas como Historias Reales

Regresar a mi ayer

Hoy no estoy aquí. Hoy estoy en el ayer. Estoy en el sitio dónde las heridas se curan con mercromina, tiritas y los besos de mi madre. Hoy estoy dónde mi única preocupación es a quién le vendaremos los ojos esta tarde al salir del colegio, para jugar a la gallinita ciega. O quién ganará hoy en el juego del escondite. Estoy en el regazo de mi madre que me toca la cabeza con la yema de sus dedos. Y me quedo ahí porque no existe un lugar mejor, mientras me subo los calcetines que tienen el elástico flojo y se bajan hasta los tobillos. Y miro mis zapatitos negros de hebilla. Están raspado por la parte delantera. He de cuidarlos, porque es poco probable que puedan comprarme otros. Hoy estoy con mis hermanas y recortamos mariquititas y las vestimos con primor. O cogemos la caja de los cromos y nos ponemos en la puerta de la calle a jugar. Mi hermana Irene es la que tiene los cromos más bonitos. Las palmas de las manos las tenemos rojas de tanto golpear para hacer que los cromos se den to...

Trini ( Una historia Real)

Por razones que no vienen a cuento me cambié de entidad bancaria, hace cuestión de un mes. Fue entonces cuándo la vi por primera vez. En la puerta de ese banco siempre está Trini. Trini es conocida en ese barrio. Es una señora que está prácticam ente en los huesos, alcohólica y con problemas mentales. Vive en la calle y va de un lado a otro murmurando a solas. Cada vez que la veo, no puedo evitar pensar que por qué no se la llevan a cualquier sitio dónde la puedan cuidar. Donde coma en condiciones y pueda ser atendida correctamente. Supongo, que es porque le da igual al mundo. No hay nadie a quién le importe un puto bledo Trini. Hoy, al ir a banco, estaba en la puerta de espaldas a mi, con la cabeza gacha. Me acerqué a ella y vi como intentaba encender una colilla con otra colilla a la que le daba caladas para evitar que se apagara. Le dije que no hiciera eso, que tirara esas porquerías, que le daría tabaco mientras buscaba la pitillera en mi bolso. Le ofrecí cuatro cigarros, mientr...