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Las cartas, mejor en mano.

¿ Qué desde cuándo la conozco? Ni lo sé ni me importa. Creo que mi vida comenzó cuándo la vi. De ahí que me traiga sin cuidado las fechas. Hoy estoy frente a su buzón. Con una carta en la mano y con la duda de depositarla o de llevármela de vuelta conmigo. Posiblemente esta carta no la reciba nunca. Aún no lo sé. Parado como poste no me decido. No obstante, he tenido la necesidad de escribirla.Sólo así daré cómo ganada esta batalla con este loco y cabezota corazón mío, que no se cansa de andar librando luchas conmigo. Le he escrito que sencillamente estoy enamorada de ella y que si desnuda mis madrugadas, juro  vestir todos sus amaneceres. Le he pedido que me regale las palmas de sus manos y la mirada que le dedica a la luna.Y que convierta su cuerpo en mis deseos concedidos. Que me llene la vida con su voz y con su risa. Y haga suya el roce de mis dedos. Que me quiera locamente. Y que me permita retirarle el cabello de la frente. Que me deje rondar la orilla de su boca y navegar por los ríos de su cuello. Que me regale el olor de todos sus días y que me conceda el deseo de que se venga a vivir conmigo. Le ruego que me permita recorrer los mismos caminos que ella recorre .Y le plantaré un jardín entero de rosas blancas. Que me conceda el honor de convertirme en el guardián de su reloj de pulsera. De sus palabras y de sus silencios.Que me haga  partícipe de su existencia y yo seré el arquitecto de todas tus sonrisas. Que coja las llaves de mi alma y que las arroje al fondo del mar si quiere. Pero que me diga que sí. Que me diga que quiere lo que yo quiero. Que anhela lo que yo anhelo. Que me mate de amor si lo desea, pero que me diga que sí. Al fin me decido. Doy un paso al frente pero alguien me detiene. Giro y allí está ella que me dice: Las cartas... mejor en mano.

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