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El ladrón de lo ajeno

Ya me dijeron que había gente que se apropiaba de lo ajeno. De lo que no era suyo. Hoy en día no te puedes fiar ni de tu propia sombra. Mi madre siempre me lo decía, hija mía no seas tan confiada. Y yo erre que erre, dejando las puertas de par en par y las ventanas abiertas. Y claro. Así pasó lo que pasó. Que vino el muy bandido y se apoderó de todo lo que era mío. Sin permiso. Sin llamar siquiera. Con toda la caradura que el chaval posee. Me ha robado hasta el alma y yo que creía que esa la tenía a buen recaudo. Y el corazón, que aunque no lo tenía guardado, tampoco es que lo tuviese expuesto en un tenderete, ahí a la vista de todos y al alcance de cualquiera. Y no crean que el chico está preocupado, que va. Se ha quedado más ancho que pancho el maldito condenado. Y ahí está todo feliz y sin condena alguna. Y se lleva mis besos con su boca traicionera. Y me roba las caricias con sus manos ladronas. Manos expertas. Y deja huella, porque no crean que no tiene el descaro de no usar gua...

El corazón debería dar opciones

Nunca supe cómo ponerle rejas al corazón. Soy algo despistada y seguro que pierdo las llaves si le pongo candado. Debería de tener alto y seña para impedir que alguien que no te va a amar, ponga sus pies en él. O tener a mano ladrillos fuertes para poder construir tu propia fortaleza. Y hacerlo inquebrantable. O ponerle muros de acero blindado. O al menos un timbre para que puedas saber antes de abrir, quién es el que llama. Pero yo no lo tengo así. Esto no funciona así. Y entonces vino él. Y cómo huésped se instaló en el silloncito blanco que había puesto cuidadosamente y con esmero en un rincón. Ni siquiera se descalzó, y cada vez que se levanta me hace daño su caminar ausente. Con la mente en otra parte, en otra persona. Sin quererlo yo ni pretenderlo él. Ahora permanece en mi corazón, pero no en mi vida.Y me llena de ausencias la existencia. Sufre por otro amor. El dolor que siente le impide acercarse a mí. Soy su amiga. Su consejera. Soy su pañolito blanco de lágrimas. Que dej...

No pronuncies mi nombre, mi amor

No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque entonces beberé de tu boca las gotas de savia que contienes y no responderé de mis actos. Me declararé ladrón de tu piel y la marcaré entera con mis dientes. De tus pies hasta tu frente. No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque dejaré de ser el humano que soy y me convertiré en animal cuándo te oiga nombrarme.Y preñaré las sábanas del olor que  emanarás y quemaré tu cuerpo con la yema de mis dedos. No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque tendrás que perdonarme estas ganas y estas ansías de apoderarme hasta del aire que depositarás en mi oídos cuándo mis caricias te eleven. Me enervas y no sabes de qué manera. Tus piernas serán las puertas que querré abrir con absoluta desesperación y locura. No pronuncies mi nombre, mi amor. Porque entonces mi voluntad pasará a ser, voluntades perdidas y no podré pensar en nada más que hacerte mía una y otra vez. Y tendrás que disculparme esos locos y apasionados movimientos que te harán esclava de mi cue...

Domingo. Nueve de marzo.

Domingo. Nueve de marzo. Te añoro. Me quiebra el alma este echarte de menos. Este no tenerte aquí y ahora. Disimulo. Y me pinto una sonrisa con ese carmín que uso habitualmente. Siempre se me dio bien disimular.Y hago cómo que no te pienso y sin embargo, llenas todos y cada uno de mis pensamientos. Y evito mirarme la piel que la tengo descarnada por tu ausencia. Me haces falta en todos mis momentos. En este mundo tan vacío sin ti. Y me sangran las heridas y hago cómo que no me duele. Y no miro al suelo para no  ver cómo está manchado de este dolor. He intentado limpiarlo .Más que nada para entretenerme y tener algo qué hacer. Pero las jodidas manchas persisten. Hasta le eché un quitamanchas de esos que anuncian en televisión y que según dicen, es infalible. Me estafaron. Porque no sirve. Y no puedo devolverlo porque ya lo usé. Pero mañana la lío parda en el supermercado. Me duele el sol que baila en el salón. Juraría que hasta se ha puesto su vestidito de domingo sólo para fastid...

Las diez en punto

Tengo el billete en la mano y el silbato del tren junto con la voz del megáfono, hacen que me apresure a subir. Vagón siete. Asiento A16 ventanilla. He quedado contigo y llevo en la maleta las ganas que te tengo y los te amo que te debo. También puse junto con mi ropa interior, los besos y abrazos que te dirán lo que hasta ahora he callado. A veces, las palabras no transmiten todo lo que me haces sentir. Miro el paisaje que más que pasar, vuela. El reloj marca las diez en punto. Dos horas y estaré junto a ti. Me muevo en el asiento. Estoy nerviosa. Las manos heladas y el corazón desbocado que siento en el pulso de mi garganta, son muestra de ello. En un suspiro pasa el tiempo y el tren se detiene en la estación dónde me esperas. Te veo venir. Me quedo parada en las escalerillas con la indecisión colgada de mis pies. Mientras te acercas, te miro y soy incapaz de que mi cuerpo reaccione y termine de bajar. Cuándo me miras licuas mi sangre. La siento hervir. Ya no siento el corazón, cre...

Tarde sin ti

Me pierdo en rutas inaccesibles y te llamo para sentir tu nombre. Camino por entre los callejones de la ciudad para buscar tus pasos. Tu voz no me alcanza y mi voz no te llega. Demasiada la distancia entre los dos. Ya no sé  a qué alma he de asomarme para hallarte ni en qué estación he de buscarte. La lluvia ha borrado las huellas que me llevaban a ti. La tarde cae por detrás de los cristales y no estás. Todo es silencio. Todo es ausencia. He colgado en una percha mi soledad y la he guardado en el armario. A ver si así deja de molestar. Ha estado saltando por el sofá, toda contenta ella campando a sus anchas. Hasta las letras están vacías si no estás tú. Nada vale, todo pierde su significado sin ti. El reloj ha desdibujado tu presencia. Duras y tremendas las horas ahora que no estás. Mi piel clama a gritos tu piel y mi boca calla, porque hasta las palabras se niegan a brotar. Tu olor se ha desvanecido por entre las rendijas de las persianas. Ni la tarde es tarde sin ti. Y para re...

La ladrona de mi ser

Anoche la tuve entre mis brazos. He de confesar que mi ego masculino deseaba hacerla temblar. Quería que muriese mientras pensaba en las mil y una forma de hacerla mía. Le cedí el paso para que ella pasara delante de mí y su nuca quedó a merced de mi boca. La besé mientras le susurraba que la quería. Pero deseaba saberla  rendida. Quería desnudarla de toda razón que le pudiese quedar. Mientras acercaba su cuerpo al mío con suavidad, el destino de mis dedos chocó con la cremallera de su vestido, que bajaba lentamente mientras mi lengua le quemaba su boca. Y temblaba, allí de pie, la sentía temblar cómo una hoja. Y me gustaba. Quería poseerla. Que no fuese capaz de desear nada más que no fuera el siguiente beso. La siguiente caricia. Y seguía temblado. Y me encantaba. Y vestí mi impaciencia de paciencia para hacer eterno cada momento. Manejaba yo la situación. Controlaba cada una de sus reacciones. Ella, no era capaz de hacer nada que no fuese entregarse sin medida. Sentí en ella a...