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¿Te quedó alguna duda?

Siéntate a mi lado, que quiero hablar contigo y dejarte algo claro. Preparé café. Delante de un café, como que me salen mejor las palabras. Y perdona que fume. Sé, que te molesta el humo del cigarrillo. Y ahora escúchame. Uno no va por ahí buscando el amor. Ni mendigándolo como el que extiende la mano, a ver si le cae alguna moneda. El amor aparece y te deja a merced de los vientos que quiera soplar. Da igual lo que hagas. Cuando te alcanza, te da lleno. Y hace escombros, hasta los muros más reforzados, con los que te acorazaste. Y si no, mírame a mí y míralo a él. Mira tú que hay calles, ciudades, países, estados y naciones. Fíjate que hay días, meses, años y épocas. Mira que hay gente, millones de personas. Mira que hay esquinas, tiendas y bares. Bueno, pues resulta que vamos a coincidir en el mismo lugar y a la misma hora, los dos. Y bendita coincidencia, ¿no? ¿Y qué carajo me importa si fue el destino, la casualidad o yo qué sé? ¿Y que demonios me interesa quién o qué, con...

¿Por qué te elegí a ti?

¿Por qué te elegí a ti? Si te digo la verdad, aún no lo sé. Quizás  porque sin esperarte, llegaste como un pirata y me saqueaste el alma. Así. Sin más. Y desde entonces, te has convertido en el barco, la fragata y el galeón de mi vida. Y es tu columna vertebral, mi quilla. Tu pecho mi babor y tu espalda mi estribor. Y es tu cuerpo, el ancla que me fija a ti sin condición. Y es tu amor, la bandera que ondula en el mástil de mi corazón. Experto, en hacer nudos marineros que me atan irremediablemente y me deja sin salida. Tal vez, porque lo mismo eres la ola que mece suave mis momentos, que eres la ola furiosa, que me arroja de un golpe a la orilla de tus deseos. El río bravo que me hunde en la locura o el río manso que me devuelve la cordura. Nunca sé a lo que atenerme contigo. Lo mismo navego por las aguas tranquilas de tus palabras, que naufrago por las aguas turbulentas de tus caricias. Mar Mediterráneo y  océanos Pacífico, Atlántico, Índico, Ártico y Antártico que d...

¿Qué no entiendes?

Te amo desde que te conozco. ¿Qué no entiendes? Cientos de inviernos tortuosos, golpeaban las puertas de mi vida. Gélidos vientos, se colaban por todas las ventanas de mi existencia. Mis días eran eternidades varadas y sin sentido. La nieve cubría con su interminable manto blanco, las barandillas de todas las escaleras de mi alma. Muertas las sonrisas y lleno de desganas. Hasta que te conocí. Y llenaste de primavera, hasta los rincones más congelados. Y colmaste mi marzo, mi abril y mi mayo, de camelias, lilas, narcisos y tulipanes. De alhelíes, hortensias y magnolias. Y es tu ombligo, el que contiene las gotas de rocío que muero por beber con avidez, una y otra vez. Y tiene tu piel, el color blanco e impoluto de los almendros en flor. Estoy enamorado de ti. ¿Qué no entiendes? Si eres, la bóveda celeste del firmamento de mis noches y cada caricia tuya, astros que  quiero que me guíen por siempre. Que yo no soy poeta y mira lo que te escribo. Que quiero vivir contigo. Tener...

Las ocho y cuarto pasadas

El reloj de la estación, marca las ocho y cuarto pasadas. Te has ido,  y creo que no te he dicho te quiero, las veces suficientes. Lo noto, porque me bullen en el pecho esas palabras, como mariposas aleteando descontroladas. Y me duelen. También creo que no fuiste mía, bastantes veces. A los días, les han faltado horas para amarte. Y las noches, han pasado demasiado rápidas. Así lo siento, porque ardo en deseos de ti, aún. En este instante. Y me quema en el estómago, estas ansias no saciadas. Creo que no he prendido de tu  pelo, las veces suficientes los rayos de esa luna que nos ha acompañado, este fin de semana. Por más que he tratado de hacer y de decir. Por más que he intentado vivirte en cada momento. Por más que he querido hasta  beberte, me he quedado con la sensación de que no ha sido suficiente. Me ahogan, todos los te amo en la garganta, a pesar de los cientos de veces que te lo dije en susurros, a gritos y a gemidos. Sé, que el momento de partir llegaría. ...

Guárdame el secreto

Voy a confesarte algo. Pero guárdame el secreto. Hay alguien, que me mata cada noche, a golpe de caricias. Me suelta y me atrapa a base de pasión.  Me eleva, me tumba y me desarma a cuchillo. Y dispara al aire y, me deja sin aliento. Me hace agonizar lentamente. Y cuando a punto estoy de morir, me salva únicamente, para obtener el placer de matarme otra vez.  Y sin armas. Hay alguien, que se proclama director, de la orquesta de mis gemidos. Y toca una a una, las sinfonías de mi cuerpo. Y pone en mis oídos, la partitura de su voz. Y me hace oír, las teclas del piano de sus suspiros. Y sus manos pasan a ser, cuerdas de una guitarra, que rasga la madrugada. Y convierte cada rincón de mi ser,  en do, re, mi, fa, sol, la, si. Y sin música.  Hay alguien que aprisiona  mi nuca y mi espalda. Mi pelo y mi cintura. Mi cuello y mis nalgas. Que me roba el corazón, el pensamiento y la cordura. Y hace de mi cuerpo, el campo de batalla, donde libra sus ganas de mí. Me...

Buscando las palabras

¿Qué palabras y en qué diccionario busco, las letras justas y precisas, que le hagan honor? Buscaré en los cajones de mi interior, lo mismo las hallo allí. En la punta de su lengua, está la palabra que me atrapa en un suspiro. En la yema de sus dedos, la caricia que me eleva. En su boca, los besos que me parten en dos. En las palmas de sus manos, los puntos cardinales de mi cuerpo. En su saliva, el vino dulce derramado sobre la copa de mis senos. En su cuerpo, la cometa que surca el cielo de mi piel. En sus vaivenes, la pluma que me enciende a versos. En sus brazos, el puerto que amarra mis deseos. Maestro descarado, que me convierte en una simple aprendiz, Mi mundo es más mundo, desde que lo conozco y mi vida, más vida desde que lo tengo. Es la ventana donde me quiero asomar, la puerta que cruzo sin temor. Es la canción que quiero escuchar y la melodía, que me toca la fibra del corazón. Ingeniero, que me construye pieza a pieza. Caminante, que recorre paso a paso, las senda...

Si me voy un día

Si me voy un día, búscame detrás del silencio. Ese silencio, que contienen más palabras, que las que digo en voz alta. O detrás de la luna, a veces me cobijo allí, cuando las noches no acaban de aclarar.  No me busques detrás del sol, me lastima los ojos y evito estar cerca de él. O en la casa de la soledad, hay días que tomo café con ella. He de decirte, que tiene mala fama, pero no es tan desagradable como cuentan. Búscame en tus despertares o detrás del sonido de tu voz. Si me voy un día, búscame dentro de las páginas de cualquier libro. O dentro del poema, que escribió aquél poeta herido. Sí. Ese al que un amor hizo desgraciado y va derramando tinta, por donde quiera que vaya. O dentro de los renglones de nuestro amor. O en cualquier calle de cualquier ciudad. Es cierto, que a veces me escondo o me pierdo. No me  busques en los folios que están sin escribir, porque no me gusta el vacío. Si me voy un día, que mi ausencia no te pese. Que tu alma no salga lastimada, si...