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Las ocho y cuarto pasadas

El reloj de la estación, marca las ocho y cuarto pasadas. Te has ido,  y creo que no te he dicho te quiero, las veces suficientes. Lo noto, porque me bullen en el pecho esas palabras, como mariposas aleteando descontroladas. Y me duelen. También creo que no fuiste mía, bastantes veces. A los días, les han faltado horas para amarte. Y las noches, han pasado demasiado rápidas. Así lo siento, porque ardo en deseos de ti, aún. En este instante. Y me quema en el estómago, estas ansias no saciadas. Creo que no he prendido de tu  pelo, las veces suficientes los rayos de esa luna que nos ha acompañado, este fin de semana. Por más que he tratado de hacer y de decir. Por más que he intentado vivirte en cada momento. Por más que he querido hasta  beberte, me he quedado con la sensación de que no ha sido suficiente. Me ahogan, todos los te amo en la garganta, a pesar de los cientos de veces que te lo dije en susurros, a gritos y a gemidos. Sé, que el momento de partir llegaría. ...

Guárdame el secreto

Voy a confesarte algo. Pero guárdame el secreto. Hay alguien, que me mata cada noche, a golpe de caricias. Me suelta y me atrapa a base de pasión.  Me eleva, me tumba y me desarma a cuchillo. Y dispara al aire y, me deja sin aliento. Me hace agonizar lentamente. Y cuando a punto estoy de morir, me salva únicamente, para obtener el placer de matarme otra vez.  Y sin armas. Hay alguien, que se proclama director, de la orquesta de mis gemidos. Y toca una a una, las sinfonías de mi cuerpo. Y pone en mis oídos, la partitura de su voz. Y me hace oír, las teclas del piano de sus suspiros. Y sus manos pasan a ser, cuerdas de una guitarra, que rasga la madrugada. Y convierte cada rincón de mi ser,  en do, re, mi, fa, sol, la, si. Y sin música.  Hay alguien que aprisiona  mi nuca y mi espalda. Mi pelo y mi cintura. Mi cuello y mis nalgas. Que me roba el corazón, el pensamiento y la cordura. Y hace de mi cuerpo, el campo de batalla, donde libra sus ganas de mí. Me...

Buscando las palabras

¿Qué palabras y en qué diccionario busco, las letras justas y precisas, que le hagan honor? Buscaré en los cajones de mi interior, lo mismo las hallo allí. En la punta de su lengua, está la palabra que me atrapa en un suspiro. En la yema de sus dedos, la caricia que me eleva. En su boca, los besos que me parten en dos. En las palmas de sus manos, los puntos cardinales de mi cuerpo. En su saliva, el vino dulce derramado sobre la copa de mis senos. En su cuerpo, la cometa que surca el cielo de mi piel. En sus vaivenes, la pluma que me enciende a versos. En sus brazos, el puerto que amarra mis deseos. Maestro descarado, que me convierte en una simple aprendiz, Mi mundo es más mundo, desde que lo conozco y mi vida, más vida desde que lo tengo. Es la ventana donde me quiero asomar, la puerta que cruzo sin temor. Es la canción que quiero escuchar y la melodía, que me toca la fibra del corazón. Ingeniero, que me construye pieza a pieza. Caminante, que recorre paso a paso, las senda...

Si me voy un día

Si me voy un día, búscame detrás del silencio. Ese silencio, que contienen más palabras, que las que digo en voz alta. O detrás de la luna, a veces me cobijo allí, cuando las noches no acaban de aclarar.  No me busques detrás del sol, me lastima los ojos y evito estar cerca de él. O en la casa de la soledad, hay días que tomo café con ella. He de decirte, que tiene mala fama, pero no es tan desagradable como cuentan. Búscame en tus despertares o detrás del sonido de tu voz. Si me voy un día, búscame dentro de las páginas de cualquier libro. O dentro del poema, que escribió aquél poeta herido. Sí. Ese al que un amor hizo desgraciado y va derramando tinta, por donde quiera que vaya. O dentro de los renglones de nuestro amor. O en cualquier calle de cualquier ciudad. Es cierto, que a veces me escondo o me pierdo. No me  busques en los folios que están sin escribir, porque no me gusta el vacío. Si me voy un día, que mi ausencia no te pese. Que tu alma no salga lastimada, si...

Martes, seis de mayo

Martes, seis de mayo. No importa que no estés aquí ahora. Porque dejaste preñada mis sábanas, de tu olor. Mi cama, contiene desde el primero, hasta el último de tus gemidos. Y quedaron derramadas tus ganas y mis ganas. Habitan en cada rincón, los suspiros y los te amo, dicho desde lo más profundo de tu garganta. No importa que no estés aquí ahora. Porque mis oídos aún conservan, el sonido de tu voz. Y mi piel, guarda con celo, las huellas de tu piel. En mi boca permanecen tus besos, húmedos y cálidos. Y en mi cuello, lienzo blanco para ti,  aún siguen dibujados los trazos, que tu lengua pintó. No importa que no estés aquí y ahora. Porque solo he de cerrar los ojos y hallarte. Volverte a vivir. Colmaste la madrugada de manos entrelazadas, de caricias grabadas a fuego lento, de deseo desmedido. Has tatuado los senderos de mi memoria, de recuerdos que utilizo para que tu ausencia, no acabe conmigo. Y llevo los bolsillos llenos de tus te quiero. Lo mismo, los coso para que no se...

La chica del vaquero

Era la primera vez que iba a visitar, una de las oficinas que tenía en otra ciudad. Llevaba tiempo planeándolo, pero mi cargo no me permitió hacerlo hasta ese día. Iba pensando en como actuar, para que el nerviosismo, no atacara al personal. Generalmente, la llegada del jefe, solía incordiar. Y no era mi intención en absoluto. No nací con este traje ni con este puesto. Me lo curré mucho. No había mucha distancia desde el hotel a la oficina. Era temprano y siempre me gustó caminar. Fue así, como me crucé con ella. No era bella, de esas que te tiran para atrás. Pero me cautivó la forma que tuvo de mirarme. No sé, entre retadora, descarada y una pizca de picardía. Su delito fue sonreírme y mi condena,  desear que esa sonrisa, fuese la que viese cada mañana al despertar. No pude aguantarme las ganas y le pregunté por la dirección de una calle. Me hice el despistado y usé la excusa para acercarme. Ella, me indicó amablemente y, al escucharla, quise que el timbre de aquella voz, me ...

No quiero estar aquí

No quiero estar aquí donde la soledad tiende un puente y me obliga a cruzarlo, donde el tiempo se ríe en mi cara y pasa lento. Donde los candados han perdido sus llaves, donde las cadenas contienen demasiados eslabones. Donde las rosas no florecen porque el invierno, no acaba de irse. No quiero estar aquí, donde las noches me deja heridas que luego, no sé como curar. Donde las mañanas me visitan burlándose de mí, donde el silencio ronda cada  parte de mi ser. Donde la música se escabulle y no logro oírla. No quiero estar aquí, donde suena el eco del vacío de tu ausencia. Donde la tristeza me golpea sin piedad y me vence en ocasiones. Donde tu nombre se pierde en el horizonte de mi alma.  No quiero estar aquí, donde estoy yo. Quiero estar ahí…donde estás tú.