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Blanco y negro

Al salir de la cama se percató que los colores habían desaparecido. No había color en ninguna parte, en ningún lado. Blanco y negro en el arcoiris, en las sábanas, en la llama prendida de la chimenea. En las acuarelas que antaño eran todas explosiones de color. Blanco y negro en los días, en los cristales, en el televisor, en las notas del piano, en los acordes de su guitarra. En el cielo, en el mar, en las huellas al salir de la ducha. Blanco y negro en las mentiras, en el desamor y en las promesas no cumplidas. En el dolor que le quemaba la garganta. Y en los besos perdidos. Hasta los abrazos eran esbozos sin color. En las flores que  nacían en el jardín. Y en el sol insolente que lo miraba.Y en las calles desiertas de su vida. Y en su bicicleta. Y en las tapas de los libros. Ella no sólo le destrozó el corazón al marcharse, sino que había tenido la desfachatez de llevarse todos sus colores. Ahora estaba obligado a dibujar en carboncillo hasta los trazos de su alma. Y a él......

Detrás del espejo

Detrás del espejo para que no me lleguen tus te quiero. Que no me alcancen tus palabras, dardos envueltos de ternura que amenazan con abatirme sin piedad. Tus pasos sigilosos rondan por mi mente y aunque te hayas descalzado, puedo oirte venir. Procuro mantener la distancia que pretendes acortar. Me tiendes la mano y dudo si acercarme. No quiero rendirme a esto. No quiero caer. Prefiero mantenerme en pie. Detrás del espejo me siento segura. Llevo puesta una armadura que tiene varias grietas ya a pesar de ser de acero. Hubo espadas que acertaron y caí malherida demasiadas veces. Y sí. Lo confieso. Tengo miedo. Y me paro. Aunque a veces, mis pasos me lleven irremediablemente a ti. Aunque haya momentos que me rinda, cuándo las fuerzas me agotan y no me dejan pelear. Es entonces cuándo me tienes. Pero luego vuelvo a marcharme y lo sabes. Y te quedas mirándome con calma. Y me llamas suavemente. Creo que sabes cómo llegarme. Conoces mi talón de aquiles y lo usas a tu favor. No quiero que m...

Flores para ti

¿ Qué sabes de mi vida?. Ni te imaginas quién soy cuándo llego a mi casa y me quito el maquillaje. Centímetro a centímetro va quedando la piel al descubierto. Ya no hay máscara, nada me cubre ni me oculta. La que está frente al espejo soy yo, tal cuál. Tampoco me importa lo que pienses de mí. Pero soy la misma que tal vez un día tengas la desgracia de conocer. Yo no me arrepentiré. Tú, estoy segura de que sí. No hay sentimientos, aprendí que no valen para nada. Nada me inmuta. Nada me conmueve. No hay súplica que me haga tener un ápice de piedad. No nací así, eso está claro. Pero no voy a exponer los motivos que me hicieron convertirme en la persona que soy hoy. Me da pereza y nunca me gustaron las explicaciones. Ni cortas ni largas. Soy parca en palabras. Tampoco me agrada que me hablen, si no es totalmente necesario. Engraso mi arma, la cargo y la dejo cerca de mí. No sé cuántas balas dispararé mañana, ni a cuántos tendré que oir suplicar por su rastrera vida. Lo que sí sé es que ...

Demasiado tarde

No te arrodilles y me regales flores ahora que su fragancia no me llega. Ni me digas llorando esas palabras que un día tanto anhelé, porque tus lágrimas ya no me calan. Ni me grites cuánto me amas ahora que ya no te puedo oir, porque tu voz ya no me alcanza. Me tuviste en tu mesa, en tu cama, en tu casa y en tu vida y ni un solo gesto o detalle, de esos que ahora tanto me prodigas, recibí. Espero que echen el cierre al cementerio por hoy... no me gusta tu presencia.

Préstame tu vida

En un arrebato me gritó que cambiaba su vida por la mía, aunque sólo fuese por un día. Con una media sonrisa acepté. Cuándo vino a devolvérmela me dijo en tono airado: -Toma la mierda de vida que tienes. Me costó un mundo levantarme, me pesaba la vida en la misma espalda. No pude sonreír ni una sola vez. Evitaba llorar, pero tenía continúas ganas de hacerlo. El corazón me dolía y siempre escuché que no dolía, pero era cómo tener una caja de alfileres allí dentro. La soledad me embargaba y la tristeza se colgó de mi hombro izquierdo. El café estaba amargo por más azúcar que le eché. La comida no tenía sabor. Las ganas de hacer cosas desaparecieron. La noche se me hizo eterna y no pude deshacerme de los demonios hasta que no amaneció. Y al hacerlo, las sábanas eran auténticas losas que me impedían poder levantarme. El alma la sentía  agrietada y se escapaba el aire por ella. Respirar me costaba verdaderos esfuerzos. La nostalgia y la melancolía se convirtieron en fantasmas perma...

Y me pides que imagine

Y me pides que imagine. Imagino que eres las ganas de saltar sin paracaídas. Acantilado escarpado que no tengo miedo de escalar. Aunque no lleve arnés. Aún a riesgo de caerme. Eres ilusión que me hace querer volver a vivir. El vuelco en el estómago. La noria que produce vértigo. Las letras del abecedario, que van tomando formas en un folio aún en blanco. La pasión que me atrapa, que me engancha y que me envuelve. Corazón desbocado, latidos a mil por horas incapaces de controlar. Y no respiro a veces, el aire por momentos se me va. Eres la pregunta sin respuesta. La palabra que me guardo. Los sentimientos que me callo. Cama vacìa porque no estás. El deseo que se escapa. La agonía de querer y no poder. La montaña que quiero culminar. La rosa blanca en el jarrón con agua. El cigarrillo que me fumo. El fuego que me quema. El calor cuándo te veo y el frío cuándo te vas. Eres el pensamiento que quiero evitar. El mago que me perturba. Que no me deja pensar. Lluvia que me inunda el alma. Se...

Espinas en sus manos

Cuándo lo vi por primera vez supe que venía a por mí. Pisando fuerte, con la seguridad esa que te da tener la razón siempre de tu parte. Orgulloso cómo un sol cuándo prevalece sobre las nubes. La mirada segura y sin bajarla jamás. Alto y fuerte como un junco. Siempre me hacía sentir pequeňa a su lado cuándo me miraba desde su pedestal de rey. Se convirtió para mí en el gran amor de mi vida. En ese amor que creo que sólo se siente una vez. Ese loco y apasionado sentimiento que  traspasa y rompe todos los muros del alma más cerrada. Ahora, años después de casarnos, cuándo escuchaba las llaves en la puerta, siempre me preguntaba de qué manera venía a por mí. Me fijaba en sus manos. Si traía rosas, esas rosas que yo ahora detestaba más que a él, era para implorarme perdón por haberme partido la cara. Si las traía vacías, ya se encargaba él de llenarlas del dolor que me dejaba cuándo terminaba conmigo. Aún no había nacido rosa en el mundo,que pagara lo que aquél hijo de puta me hacía ...