Ir al contenido principal

Nada personal 117



Yo creo en el destino firmemente. Creo que hay hilos invisibles que se tejen a escondidas y a espaldas nuestras para que dos personas, sin importar donde estén, se encuentren. Como encontrar una pieza de un puzzle que has dado por perdida y un día te la encuentras en una caja que dejaste olvidada en el altillo de un armario. Y en un cambio de estación, guardando ropa y cansada de la tarea, la caja se cae y la pieza aparece a tus pies. Una mirada, una palabra y la vida se te pone patas arribas (o boca abajo). Y ya no puedes pensar en otra cosa que no sea esa persona, no te cabe otra que quererla sí o sí. Que amarla sí o sí. Hasta te lo imaginas en el lado vacío de tu cama y cuando te das la vuelta te llega el inconfundible olor de él. Y resulta que ya eres incapaz de ver la vida si no es través de sus ojos. Y todas las canciones de amor llevan su nombre y todas las calles te lo traen a la memoria. Y dejas de tocar suelo porque son todo nubes a tu alrededor. Y mueres por un beso y por los mil que están por venir detrás del primero. Por una caricia y por las dos mil guardadas que lleva la primera. Y te ves capaz de inventar amaneceres que ni existen, solo para brindárselos en papel celofán. Y quieres coger el mundo y ponerlo a sus pies cuando te cuesta hasta saber en qué mundo vives. Y si alguien te pregunta como pasó, no hay adjetivos en ningún alfabeto que te ayuden a describirlo. E intentas pensar que hacías antes de que se llegase él y no logras recordarlo. En esas estoy… desde que te conocí a ti. ( No me lo creo).
(06/06/2015)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una de Caperucita

 - ¿Puedo hablarte o me vas a vacilar cómo siempre? - No sé. Prueba... - ¿Estás enfadada? - No. - ¿Y por qué estás tan callada, si tú no te callas ni debajo de agua? - Estoy pensando. - ¿Pensando en qué? - En como le irá a Caperucita con el conejo de Alicia y si seguirá viendo el país de las maravillas. - ¿ En serio piensas en eso? - No. - Que graciosa la nota ¿ Entonces? Algo te ronda la cabeza. - Pienso en el lobo. Tan feroz y no supo retener ni a una niña. Que infeliz ¿no? _ ¿No puedes dejar de vacilarme? - Me cuesta.Te me pones tan a tiro... - ¿ Cuándo será que te hable y me contestes amablemente? Sin pullas, sin que me vaciles. Sin hacerte la lista. Sin dártelas de sabelotodo. Conseguirás que deje de hablarte un día. - ..... ( Silencio). - Lo echas de menos. Te lo noto. Aunque no lo nombres. Aunque ya no seas la misma. Pero lo sigues extrañando. Es eso lo que te pasa. ¿Estoy equivocada? - No. No estás equivocada. - Que raro que me des la razón. Debes de esta...

Los guantes nuevos (Cuento de Navidad)

Las calles se engalanan y las luces de mil colores estallan en mi retina. La música que se desprende de algún sitio llega hasta mí. Villancicos de siempre, letras ya conocidas. La navidad no es como antes.  No hay gente cantando por las calles. Hasta el olor ha cambiado. Observo a las personas caminar, con la cabeza gacha y el andar apresurado. Siempre llevan prisa. Desde mi pedestal no hago otra cosa que mirar, observar. Apenas me ven, soy una estatua que se mueve por dinero. No es que me guste la Navidad, hace tiempo que dejé de creer en la magia que algunos creen que tiene. Pero me vienen bien esta fechas.  A la gente que no les preocupa nada ni nadie en todo el año, les nace un sentimiento pasajero, efímero y  bondadoso que les hace tirarme alguna moneda.  Ya está. Se van felices porque ese gesto callan sus conciencias.  Me miran con la lástima que en otro mes cualquiera cambian por desprecio. Me gusta la Navidad simplemente porque ...

Nada que hacer

- ¿ Y no hay nada qué hacer ya? No sé. Piénsalo. - ¿ Hacer con qué? - Ya sabes de lo que te estoy hablando. No te pases de lista conmigo, anda. - ¿ Acaso cambia el caballo sólo porque le pintes rayas negras? No pasa a ser cebra por eso ¿no? - Esa frase no es tuya, mística. Que te pones muy mística, hija. - No. No es mía. La acabo de oír por la televisión. - ¿ Aún te acuerdas de él? - Claro. - ¿Cuánto? - No puedo ni decirlo. Supongo que mucho. - ¿Supones? - .......(silencio). - ¿ Lo extrañas ahora mismo? - No. Ahora mismo no. Siempre. - ¿ Y por qué no se lo dices? - Hay momentos en el día, esos momentos donde la nostalgia y el amor me puede, que me entran unas ganas enorme de gritárselo a la puta cara. Pero hay algo muy fuerte que me frena. - ¿ Qué es eso tan fuerte que te pueda parar a ti? A ti. Que no te frena ni una flota de trenes de mercancías... - Él y su maldita estupidez. Eso me frena. - Vaya. Me acabas de dejar sin palabras. - Mejor. Así no tengo que oírte....