Y aunque no olvido la herida que me infringió la daga
(conservo aún la cicatriz), ya no la siento punzante y mortífera. Aunque a
ratos escuece como alcohol derramado a traición. Que no sé si hubiese preferido
una bala certera en la frente que una puñalada en la espalda. (esa espalda
antaño mapa de besos para ti). Que casi me mata ( no puedo negarlo), pero que
no me mató,... (heme aquí).
(03/05/2015)

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