Y llenaste horas y horas de mi vida de un poquito de
desilusión a cada rato. Y derramaste por el suelo una pizca de desamor cada
día. Y el reloj ya no se detenía al verte. Le pusiste tanto ahínco a poblar lo
nuestro de espinas, cristales, dudas y sombras, que el resultado lo tienes
ahora en tus manos. Nada. Espero que disfrutes mi ausencia. Es el justo premio
que mereces. Una última cosa. Cuando yo quiera tragos amargos... me bebo una
tónica.
(31/01/2015)

Comentarios
Publicar un comentario