Ir al contenido principal

Entradas

Disparos a mis recuerdos

Es en este momento, cuando me toca coser el camino que se deshilvanó cuando ella se fue. No la pude retener conmigo. Me dejó el eco de su partida, en cada trozo de corazón roto y aún con el corazón totalmente deshecho, la añoro a rabiar. No he dejado de amarla aún y no sé si podré dejar de hacerlo algún día. Me toca arrancar cada día a sangre fría la costumbre de tenerla. Mi piel la nombra y mis manos la extrañan. Me arden los ojos de no verla y mis labios quedaron huérfanos de sus besos. Mi cuerpo es un desierto árido y seco sin ella. Le hace falta a la mitad de mi cama. Le hace falta al mundo que vivía con ella. Esa mujer, se ha convertido en el estribillo de mi vida y se repite una y otra vez en mi cabeza. E inunda mis noches con su recuerdo sin piedad alguna. Y llena mis días de tristeza absoluta. Me deshago cada día sin ella y me toca volver a construirme cada tarde. Para deshacerme otra vez por las noches y rehacerme de nuevo en cada amanecer. Es un círculo vicioso y d...

Sigo viviendo

Me he vuelto una mentirosa redomada. ¿O acaso cuándo digo que no puedo vivir sin ti, muero? No. Sigo viviendo. No dejo de respirar por mucho que me cueste. Los pulmones no paran de hacer su función y el corazón no deja de latir por más que diga, que en cualquier momento se parará de puro amor. Aunque mi piel se quiera morir cuando grita tus caricias. Y aunque mi garganta agonice  tu nombre, sigo viviendo. Aunque tu ausencia me haga jirones la piel del alma y mi memoria te extrañe a morir, sigo viviendo. Aunque mis ojos perezcan a veces porque no puedan ver el horizonte de los  tuyos. Y por más que quieras parar el mundo alrededor de mi cintura cuando me tienes y me posees, no puedes evitar que al marcharme, yo siga viviendo. Es mentira que muero. No es cierto. ¿Recuerdas las veces que morí en tu boca? ¿Entre las huellas de las yemas de tus dedos? ¿Recuerdas las veces que se me fue la vida mientras desfallecía entre tus brazos? Todo mentira. Mírame. Sigo viviendo. Aunque mi ...

Mordidas a contralejoj

Una y otra vez volvía al mismo lugar. Y una y otra vez yo estaba allí. Aún no me explico como se puede regresar tantas veces al sitio donde a uno lo dejan marcado. Pero ella, no cejaba y no iba a ser yo quién diese un paso atrás. Cientos de veces se retiraba y otras cientos se acercaba. Y viceversa. Hasta traspasar los límites. La piel erizada hasta el punto de sentir frío. La espalda arqueada sin poder evitarlo. Y a veces, hasta temblaba. Ella no se daba por vencida aunque hubo momentos de flaqueza por su parte. También los hubo por la mía. Su lengua era el faro que me iluminaba. Calor que me quemaba. Por dentro y por fuera. Y mis dientes la mordían. La marcaban. La comisura de sus labios eran cadenas que me ataban y el centro de su boca la cárcel de mis deseos. Le dolía en ocasiones, pero le gustaba. ¿Cuantas veces volvió aquella tarde a mi boca? Las mismas que yo la recibía. ¿Cuántas veces fue que le quise robar hasta la última gota de su esencia, mientras la cogía del pelo...

Silencio en el tintero

Las palabras, hace semanas que están llenas de silencios. Silencios que gritan en mi interior y retumban en las paredes. Que condenado folio blanco, con su inmaculado color que tantas veces me mira y me hiere. Y que maldita la pluma que no derrama ni una gota de tinta. Hasta el tintero se secó. Ya no escribe sobre amores prohibidos, ni desamores. Ni sobre la soledad que emerge una y otra vez. Tampoco escribe sobre amores con final feliz ni sobre amores desgraciados. Se han secado los te amo y los te quiero. Se le fue la tinta como sangre emanando de una herida abierta. He intentado recogerla, pero lo único que he conseguido es poner todo perdido. Encima me toca limpiar el desastre ocasionado. En mis manos, quedan las huellas de ese tintero que tantas veces derrochó poemas en su nombre. A tu nombre. Que lo mismo escribía a la vida que a la muerte. Muerto el tintero y rotos los hilos que tantas letras unió en tardes como esta. El sol sigue entrando por mi ventana y la luna sigue espera...

Maldita la duda

Se sentó en su misma mesa. Cruzó su misma esquina. Respiró su mismo aire. Anduvo sus mismos pasos. Miró en su misma dirección. Y en su nuca se instaló su aliento. Lo sentía detrás. Y le gustaba. Su solo presencia convertía su piel en sensaciones desordenadas. En piezas de puzzles que no acababan de encajar. La confundía, la arrastraba. La llamaba sin que la  nombrase. Lo sentía sin que la tocase. Y no había una fibra de su ser que no quisiese emprender la huída. Pero también ansiaba quería quedarse. Le había desarticulado todas las horas del día en un minuto. Sin buscarlo. Por casualidad. Solo pasaba por allí. Iba de paso. Ni siquiera era su camino habitual. Lo peor. Que sabía que él, era consciente de ello. Era como un hábil herrero capaz de convertirla en hierro fundido. Y deseó convertirlo en cigarrillo para tenerlo entre sus dedos y aspirarlo hasta que le estallasen los pulmones. Sin monóxido de carbono que la dañase, pero con la letal certeza de que aquello la mataría. ...

Tú y tus trampas

El eco de tu deseo golpea las paredes y el techo. Y retumba en la ventana. Te veo venir y subo la guardia. Esta manía mía por vencerte. Aunque no me sirve de nada. Llevas esa certeza en el bolsillo de tu pasión. Y sé que también hoy, quedarán marcadas tus huellas en mi ADN. Sé de sobra que tu voz es la trampa que me tiendes y sé de igual forma que no es la única. Eres tú, el que manejas el hilo de mis jadeos. Y eres tú, el que entra a matar cuando así lo decides. El que me deja en manos de tus manos que se paran y se detienen a su libre albedrío. El que se apodera de mis ganas y las maniobra según te conviene. Es tu boca la que reclama sin clemencia, cada peca de mi piel y la esencia húmeda de mis centros. Tú el que me empuja y tú el que me contiene. El que me hace bailar al son de cada suspiro tuyo. Tú el que me desarma y me ganas. Tú, el que hace que cierre mis puños con fuerza mientras juegas con los huesos de mi columna vertebral. Tú, el que tira de mis caderas y tú, el qu...

Lunas malgastadas

Que maldita la distancia que me priva de ti. Guardo las despedidas en la punta de mi lengua. Cuento los días para verte venir. Las noches no. Las noches se me hacen eternas y me pierdo en el conteo. Porque donde son cinco, me parecen mil y cuando voy por la ciento cuarenta y cuatro, me pierdo y no me apetece volver a contar. Que maldita la distancia que me roba tus sonrisas. Sonrisas que no recuperaré. Como el tiempo. Tiempo pasado, no recuperado. Las horas que no estoy junto a ti, ya no regresan. Se quedan inertes en las agujas de mi alma. Y se lleva tus miradas. Paisajes, caminos, lugares y calles que mirarás sin mí. Miradas que no capturaré porque se perdieron en los callejones de esta, nuestra lejanía. Que maldita la distancia que me hace desearte y me obliga a guardarme esta pasión en la boca del estómago. Y me arde en el interior. Y me quema la tráquea. Y te llamo, pero tu nombre se pierde entre los condenados kilómetros que nos separan. Noches perdidas. Noches pasadas. No...