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Déjame buscarte

Déjame buscarte, en los puntos suspensivos de los gemidos que brotarán de tu garganta. De tu boca que me llamará y de tus brazos que me atraparán. En el punto y seguido del ritmo que balanceará mis caderas, cuando te adentres en mí. En el paso que me hará seguirte y en los vaivenes que impondrás, en el centro de mis deseos. Déjame buscarte, en el punto y coma del aire que te faltará al poseerme. En la calidez de tu lengua que volverá a descubrirme y en las líneas de tu manos que me recorrerán. Déjame buscarte, en cada una de las formas gramaticales habidas y por haber, cuando hagamos el amor. Permíteme conjugar tu piel con mi piel, tu sudor con mi sudor, tus ganas con las mías. Y convertiré las agujas del reloj, en tiempos verbales. En pasado, para que añores las caricias dadas, en presente para que desees más y en futuro para que luches por llegar a la meta del éxtasis. No quiero que esta noche termine nunca, así que no te buscaré en el punto y final. Déjame buscarte en los pronom...

Quédate conmigo siempre

Has tatuado tantos recuerdos en mi cuerpo, que si un día tuviese que olvidarme de ti no sé como lo haría. Me propuse que me amaras y me dejé la piel en ello. No cejé en el empeño. Y conseguí que me dijeses los te amo que me advertiste, que nunca dirías. Y convertí en flores frescas, lo que antes eran pétalos deshojados. Y a pesar de ser enemiga de las ataduras, vives aferrada a mí y a mis noches. Y te he descubierto, apasionada y loca. Capaz de amarme, con todas las fuerzas que posee un corazón indomable y rebelde como el tuyo. Tan independiente y sin embargo, tan dependiente de cada caricia que le impongo a tu piel. Y te hago mía sin que nada me pare. Le pones melodía a mi alma cada vez que gimes. Y he hallado tus sonrisas de niña, que guardabas con llave. Eterna soñadora. Nubes blancas y altas donde tengo que subir, para encontrarte a veces. Mi mejor historia. Buscadora de letras y pequeños tesoros. Terca pero cercana. Casi al alcance de la mano a veces y lejana como una estrell...

Hielo en el corazón

Hoy me ha sorprendido tu recuerdo. Me he levantado y he oído el chasquido de mi memoria resquebrajarse. La tenía bien cerrada, amurallada y acristalada. O eso creía. Pero al ir a beber mi zumo de naranja habitual, me he atragantado con recuerdos enterrados y promesas no cumplidas. Y mira que le  puse  llaves, cadenas, candados y hasta un muro de cristal blindado. No tengo idea de que lo que ha fallado. Pero me ha venido a visitar hasta tu olor. He recordado que te gustaba el color blanco. Y tus camisas impecables. Y la raya de tus pantalones. Y aquel abrigo tuyo azul marino, con multitud de bolsillos interiores. Y la costumbre de ducharte por las mañanas. Y tu manía de dejar el dentífrico abierto encima del lavabo. He recordado tu despedida de tinta azul, en una nota blanca encima de la almohada. Fíjate, a ti que no se te dio nunca bien escribir y resulta, que me dejaste por testigos unas letras. Por cierto, me costó trabajo entenderlas. Escribías fatal. En cambio, supiste ...

Como si me odiaras

Deja en la mesita de noche la ternura que te hace honor. Y deposita la dulzura que te precede, en los bolsillos de tu pantalón. Ya la volverás a usar cuando terminemos. Esta noche no me desnudes. Arráncame la ropa. No me quemes a fuego lento, quiero arder a la primera. No susurres mi nombre, quiero que me llames a gritos. Esta noche, quiero que rompas reglas, que no controles, que me toques hasta que mi piel se queje. Hazme desear, más y más. Que tus caricias no dejen huellas, sino surcos. Hazme gritar. No quiero que me beses, deseo que me muerdas. No quiero que seas brisa que me roza, sino huracán que me tumbe. Que quiero arder en el mismo infierno. De puro placer. Se mi dueño esta noche sin condición. No me cojas las caderas, aférrate a ellas y haz de mi cuerpo tu fortaleza. Haz de mi pelo, la brida de tu montura. Blíndame a tu boca y a tu pecho, con cadenas de acero y haz que no me importe, si el mundo se acaba ahí afuera. Esta noche, conviérteme en tu enemiga y no me tengas pi...

¿Te quedó alguna duda?

Siéntate a mi lado, que quiero hablar contigo y dejarte algo claro. Preparé café. Delante de un café, como que me salen mejor las palabras. Y perdona que fume. Sé, que te molesta el humo del cigarrillo. Y ahora escúchame. Uno no va por ahí buscando el amor. Ni mendigándolo como el que extiende la mano, a ver si le cae alguna moneda. El amor aparece y te deja a merced de los vientos que quiera soplar. Da igual lo que hagas. Cuando te alcanza, te da lleno. Y hace escombros, hasta los muros más reforzados, con los que te acorazaste. Y si no, mírame a mí y míralo a él. Mira tú que hay calles, ciudades, países, estados y naciones. Fíjate que hay días, meses, años y épocas. Mira que hay gente, millones de personas. Mira que hay esquinas, tiendas y bares. Bueno, pues resulta que vamos a coincidir en el mismo lugar y a la misma hora, los dos. Y bendita coincidencia, ¿no? ¿Y qué carajo me importa si fue el destino, la casualidad o yo qué sé? ¿Y que demonios me interesa quién o qué, con...

¿Por qué te elegí a ti?

¿Por qué te elegí a ti? Si te digo la verdad, aún no lo sé. Quizás  porque sin esperarte, llegaste como un pirata y me saqueaste el alma. Así. Sin más. Y desde entonces, te has convertido en el barco, la fragata y el galeón de mi vida. Y es tu columna vertebral, mi quilla. Tu pecho mi babor y tu espalda mi estribor. Y es tu cuerpo, el ancla que me fija a ti sin condición. Y es tu amor, la bandera que ondula en el mástil de mi corazón. Experto, en hacer nudos marineros que me atan irremediablemente y me deja sin salida. Tal vez, porque lo mismo eres la ola que mece suave mis momentos, que eres la ola furiosa, que me arroja de un golpe a la orilla de tus deseos. El río bravo que me hunde en la locura o el río manso que me devuelve la cordura. Nunca sé a lo que atenerme contigo. Lo mismo navego por las aguas tranquilas de tus palabras, que naufrago por las aguas turbulentas de tus caricias. Mar Mediterráneo y  océanos Pacífico, Atlántico, Índico, Ártico y Antártico que d...

¿Qué no entiendes?

Te amo desde que te conozco. ¿Qué no entiendes? Cientos de inviernos tortuosos, golpeaban las puertas de mi vida. Gélidos vientos, se colaban por todas las ventanas de mi existencia. Mis días eran eternidades varadas y sin sentido. La nieve cubría con su interminable manto blanco, las barandillas de todas las escaleras de mi alma. Muertas las sonrisas y lleno de desganas. Hasta que te conocí. Y llenaste de primavera, hasta los rincones más congelados. Y colmaste mi marzo, mi abril y mi mayo, de camelias, lilas, narcisos y tulipanes. De alhelíes, hortensias y magnolias. Y es tu ombligo, el que contiene las gotas de rocío que muero por beber con avidez, una y otra vez. Y tiene tu piel, el color blanco e impoluto de los almendros en flor. Estoy enamorado de ti. ¿Qué no entiendes? Si eres, la bóveda celeste del firmamento de mis noches y cada caricia tuya, astros que  quiero que me guíen por siempre. Que yo no soy poeta y mira lo que te escribo. Que quiero vivir contigo. Tener...