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Corazón de gorrión

Corazón de gorrión, dentro de una mujer indomable. La pierdo a veces. Cuando se enfada. Tiene un genio de mil demonios. Es cabezota e imposible de doblegar. No puedo con ella y se me va. Se me escapa. No logro alcanzarla. No sé en qué rincón, se esconde. No logro hallarla. Es rara. Creo seriamente, que tiene un punto de locura. Me vuelve loco, con sus ahora estoy, ahora me voy. No sabe hasta qué punto, me hieren sus silencios a veces. Tampoco sabe, a qué altura vuelo, cuando la oigo. No sé por qué la amo. No he tenido tiempo de preguntármelo, desde que la conozco. Se ha metido en mi mente de tal forma, que solo la pienso a ella. ¿Qué cómo la conocí? Por casualidad. Quiso el destino caprichoso, ponerla en mi camino. Un sábado. Desde entonces, me gustan los sábados. A ella también. Bendito destino ¿no? Soy feliz, cuando la tengo conmigo. E infeliz, cuando se viste de orgullo e indiferencia. Creo que tiene multitud de trajes. Hay días, que se cambia varias veces. En ocasiones, la sient...

No desvistas a una rosa

Siéntate amor. Te llamo así, porque aún eres mi amor. Y mírame a los ojos. Pero mírame, con los ojos del corazón. Y guarda por un momento, ese dolor que sientes.  Arroja la rabia por la ventana, el viento se volverá tu cómplice y, hará que desaparezca. También haré yo lo mismo. Y oye bien, lo que te voy a decir. No me pierdas. No dejes que me vaya. No me apartes, con tus palabras. No me llenes de vacíos. Que se me da muy mal, llenarlos. Nunca encuentro nada que ocupen esos lugares. Soy un desastre para eso. Lo admito. No colorees, mi amor de gris. Que ese color, no me gustó nunca. Mira las flores de la mesa. Se deshojan cómo yo. No puedes volver a vestir a una rosa, una vez ha tirado su traje de pétalos al suelo. Por más que lo intentes ¿Lo has intentando alguna vez? Es misión imposible.  No me guardes en el filo de tu boca y, calles mi nombre. No lastimes más, lo que ya está lastimado. No abras las heridas, que ya están abiertas. No hagas que me levante y que me vaya. Porq...

Mi voz no te alcanzó

Mi voz no te llegó. Creí que sí. Pero no.Y ahora estás ahí, vestido de silencios que me hieren. De palabras muertas que me derrotan. Has vestido mi tarde de tristeza. Y mis colores los has vuelto gris. Que te herí. Lo sé. Pero fue por esta terquedad que a veces se desata. No hay cadenas que la aten. Lo intento, pero siempre se me escapa. Y me disculpé. Pero de nada me han servido las disculpas. Qué paradoja. Yo te herí con mis palabras y tú me hieres con tus silencios. Creí que no cerrarías la puerta. No oí el portazo. Y ahora no tengo la llave con la que abrirla. Se me ha debido de caer por algún sitio. No oí el tintineo que debió de hacer al caer. Tampoco encuentro el punto del camino, dónde me soltaste la mano. He regresado allí por si te encontraba. Y no están tus pasos. Hace viento y se han debido de borrar las huellas de tus zapatos. Recogiste el puente que cruzábamos y ahora no sé cómo llegar a ti. Si dejo que el orgullo hable, te dirá que no me haces falta para seguir vivien...

El pirómano

El incendio fue tan devastador, que no quedó una sola pared en pie. En el suelo yacía, hasta el último de los recuerdos que mantenía en cajitas de cartón, decorada con florecillas blancas. Siempre me gustaron las florecillas blancas. Tenía un estante llena de ellas. Cada cajita tenía un tamaño, con un interior acolchado de distinto color. Con diferentes recuerdos dentro. Las compré en la mercería que está a la vuelta de la esquina. Un día las vi en el escaparate, entré y le dije a la dependienta, que me las llevaba todas. Pero  no quedó ni rastros de ellas. Recuerdos ennegrecidos a mis pies. Olor a quemado, que a pesar del tiempo transcurrido, no he conseguido hacer que desaparezca. Creo que ese olor, perforó mi cerebro y se instaló en algún recóndito rincón de él. El  incendio comenzó sin que me diese cuenta y se propagó tan rápido, que ni tiempo me dio a reaccionar. Tuve que salir fuera, porque el humo me quemaba la garganta y apenas si podía respirar. Me lloraban los o...

Guerrero vencido

Esa mujer me gusta. Espero el momento preciso. Soy cazador furtivo y ella mi presa. La conozco bien. Intenta controlarse, pero sé que no puede. Tengo una carta a mi favor. Y la uso sin darle tiempo a reaccionar. Mi voz. Sé que el tono de mi voz, la descontrola. Fierecilla domada, en cuestión de segundos. Le hablo y la envuelvo. Me meto en su oído. Y hago viajar el sonido, hasta el mismo centro de su alma. Me gusta también su alma. Siento como se para su pulso casi, en el intento fallido de no caer rendida ante mí. Mujer, de batallas continuas. Le gusta pelear, pero las armas que usa, son de papel frente a las mías. Hojarasca seca entre mis manos. Es guerrera vencida, porque no le doy cuartel alguno. Y me apodero con paso firme de su espacio. De su cama. De sus sábanas. Y de las palabras que no le salen. Y me adueño de sus silencios delatores. Y mis manos entrelazan las suyas, mientras me muevo dentro de ella y con ella. Y mi cuerpo, aprieta fuerte ese cuerpo al que amo. La quiero...

Con la palabra en la boca

Esa tarde cruzaba la carretera, con la prisa guardada en los zapatos. Apenas, tiempo para comer y vuelta al trabajo. La verdad, es que no me di cuenta de que el semáforo, estaba en verde. Llevaba la cabeza loca, pensando en mi madre y su manía, de estar protestando todo el rato. Que si la falda que llevas es muy corta. Que si el color del carmín es muy fuerte. Que si tardas un mundo en arreglarte y al final llegas tarde al trabajo. Que si un día me matas del disgusto. Que si ya tienes edad, para dejar que los pajaritos se te vayan de la cabeza. Que si eres una atolondrada, todo el rato en las nubes. Que sí, que ya me lo dices siempre. Cambia un poco las frases, madre. Sorpréndeme. Dame un beso, que me voy, anda guapa. Miraba el bolso porque tenía la vaga sensación, de que algo se me olvidaba en casa. El ruido de un frenazo y el estridente sonido de un claxon, me hizo volver al mundo real. Tenía un coche a milímetros de mí. Y a un tío vociferando con la cabeza por fuera de la ven...

Flores para mi madre

Me crié en un barrio pobre, dónde la miseria abundaba por metro cuadrado. Casi no me podía mover, porque tropezaba con ella a cada paso. Aún así, no superaba la de mi casa. Mis padres me concibieron entre  una borrachera de él y un descuido de ella. Mi madre era una mujer extremadamente débil y le daba pánico abortar, aunque el valiente de mi padre se lo pidió cientos de veces. A decir verdad, no sé cómo no lo hizo debido a las palizas que el caballero le propinaba. Supongo que mi destino era nacer. Ya desde entonces me aferré a la vida con fuerzas y con ganas. Heredé el carácter de él, para su desgracia. Mi infancia transcurrió entre gritos, golpes y continúas peleas, en dónde el vencedor era mi padre y la vencida mi madre. Cuándo tuve la estatura suficiente y las fuerzas necesarias, me interponía entre ambos. Entonces ahí, las dos recibíamos. Ella por protegerme y yo por protegerla. El amor que le tenía a mi madre, se podía medir con la misma balanza con la que lo odiaba a él....