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Las diez en punto

Tengo el billete en la mano y el silbato del tren junto con la voz del megáfono, hacen que me apresure a subir. Vagón siete. Asiento A16 ventanilla. He quedado contigo y llevo en la maleta las ganas que te tengo y los te amo que te debo. También puse junto con mi ropa interior, los besos y abrazos que te dirán lo que hasta ahora he callado. A veces, las palabras no transmiten todo lo que me haces sentir. Miro el paisaje que más que pasar, vuela. El reloj marca las diez en punto. Dos horas y estaré junto a ti. Me muevo en el asiento. Estoy nerviosa. Las manos heladas y el corazón desbocado que siento en el pulso de mi garganta, son muestra de ello. En un suspiro pasa el tiempo y el tren se detiene en la estación dónde me esperas. Te veo venir. Me quedo parada en las escalerillas con la indecisión colgada de mis pies. Mientras te acercas, te miro y soy incapaz de que mi cuerpo reaccione y termine de bajar. Cuándo me miras licuas mi sangre. La siento hervir. Ya no siento el corazón, cre...

Tarde sin ti

Me pierdo en rutas inaccesibles y te llamo para sentir tu nombre. Camino por entre los callejones de la ciudad para buscar tus pasos. Tu voz no me alcanza y mi voz no te llega. Demasiada la distancia entre los dos. Ya no sé  a qué alma he de asomarme para hallarte ni en qué estación he de buscarte. La lluvia ha borrado las huellas que me llevaban a ti. La tarde cae por detrás de los cristales y no estás. Todo es silencio. Todo es ausencia. He colgado en una percha mi soledad y la he guardado en el armario. A ver si así deja de molestar. Ha estado saltando por el sofá, toda contenta ella campando a sus anchas. Hasta las letras están vacías si no estás tú. Nada vale, todo pierde su significado sin ti. El reloj ha desdibujado tu presencia. Duras y tremendas las horas ahora que no estás. Mi piel clama a gritos tu piel y mi boca calla, porque hasta las palabras se niegan a brotar. Tu olor se ha desvanecido por entre las rendijas de las persianas. Ni la tarde es tarde sin ti. Y para re...

La ladrona de mi ser

Anoche la tuve entre mis brazos. He de confesar que mi ego masculino deseaba hacerla temblar. Quería que muriese mientras pensaba en las mil y una forma de hacerla mía. Le cedí el paso para que ella pasara delante de mí y su nuca quedó a merced de mi boca. La besé mientras le susurraba que la quería. Pero deseaba saberla  rendida. Quería desnudarla de toda razón que le pudiese quedar. Mientras acercaba su cuerpo al mío con suavidad, el destino de mis dedos chocó con la cremallera de su vestido, que bajaba lentamente mientras mi lengua le quemaba su boca. Y temblaba, allí de pie, la sentía temblar cómo una hoja. Y me gustaba. Quería poseerla. Que no fuese capaz de desear nada más que no fuera el siguiente beso. La siguiente caricia. Y seguía temblado. Y me encantaba. Y vestí mi impaciencia de paciencia para hacer eterno cada momento. Manejaba yo la situación. Controlaba cada una de sus reacciones. Ella, no era capaz de hacer nada que no fuese entregarse sin medida. Sentí en ella a...

Mariposas en blanco y negro

El sol entibia la cocina y los rayos piden paso tras las cortinas blancas de las ventanas. Mientras desayuna piensa en qué hará con todo eso que siente. Con cada sentimiento que crece cómo tallos imparables. Lo ama, de eso no hay duda. ¿Cómo no amar a alguien que prende de su pelo, horquillas de ganas, de impaciencia por tenerla y de amor a raudales? Lo ama, porque le crea un Olimpo y la convierte en diosa. Porque le pone una corona de sueños en la cabeza y la transforma en reina. Porque la ha convertido en la princesa del zapatito de cristal. Lo ama, lo sabe. Lo siente en el pecho, en las entrañas, en el torrente de su sangre. Lo quiere a morir. Y eso es lo malo, que se está muriendo. Cada vez pesan más los días sin él. Intenta ser fuerte pero hoy, el dolor se le derrama como arena entre las manos. Lo siente en el suelo cómo gotitas de cristal. Incluso puede oír el tintineo que produce cada dolor al caer. Es dura la espera. Eterna. Hay días cómo hoy, que no puede más, que siente que...

Destinados a ser

Me rompe en pedazos este deseo por ella. Me rasga el alma. Pero no es sólo deseo de hacerla mía hasta que su piel, no tenga otro olor que el de mi piel. Ni hasta que su garganta no grite otra cosa, que no sea mi nombre. No son estas ganas de poseerla hasta que no pueda ni pensar. No. Ni tampoco es esta locura que me quiebra la cordura, cuándo la imagino derramarse una y otra vez, mientras la poseo como un loco apasionado. No es sólo eso. Es más. Mucho más que eso. Es tenerla conmigo. Apoderarme de su alma. De su vida. De su mundo. Es mirarla a los ojos y decirle que la amo. Es sentirla respirar a mi lado. Es robarle su risa de niña enamorada y guárdala en los más profundo de mí. Es tener su cara a milímetros de la mía y acercarla más y mas, para besarla hasta quedar sin aliento. Es mirarla dormir, mientras le preparo café a su gusto. Es desear salir del trabajo lo antes posible, para volver a verla. Para disfrutarla. Para vivirla. Es querer pasear con ella. Tocarle el pelo. Olerla. E...

Uno de Marzo

Uno de marzo. Yo aquí y tú allí. Este amor que siento por ti, me empuja cómo la primavera hace con este otoňo, que casi tiene el paňolito blanco en la mano, preparado para agitarlo mientras se despide. Es ilógico amarte así. Desearte así. Aňorarte de este modo. Va más allá de mi voluntad y mi razón. Tremendo este echarte de menos. Brutal lo que siento al pensarte. Uno de marzo.Te amo. Cómo amo el otoño y ahora con más razón. Porque te trajo a mi vida. Porque estás ya, hasta en el crujir de las hojas amarillas que derrocha esta estación. Porque eres el dueňo de todos mis sueños. De todas mis letras. De todo lo que me pertenece, que ahora ya no es mío sino tuyo. Uno de marzo. Te quiero. Otoño dorado y bendito que me hizo dueňa de tu nombre, de tu vida y prisionera de tus anhelos, de tu voz y de todos tus momentos. Te he convertido en historia, para vivirte cuándo estés y leerte cuando te vayas. Uno de marzo. He intentado comer. Misión imposible. Te llevo atravesado en mi garganta.

En días cómo hoy

No sé el tiempo que tendré que esperar para poder tenerte, ni me importa. Esperaré y daré por bueno cada minuto transcurrido sin ti. Ni cuántos peldaños tenga la escalera que me toque subir, para que nuestros caminos se crucen en el mismo punto. Los subiré. Sin duda y sin cansacio. Ni cuántas batallas he de librar para ganar la guerra de tu ausencia. Siempre fui guerrera. Que no te quepa duda que la ganaré. Ni cuántas noches he de traerte a mis sueños para hacerte real. Siempre me gustó soñar. Tampoco sé las veces que he de decirte que te amo, en cada poema que derrama mi tinta, ni a cuántas estrofas estoy de ti. No me preocupa. Soy poetisa. Ni cuántos días  he de imaginarte para traerte a mi mundo. Siempre poseí una gran imaginación. Valdrá la pena la espera y estas ganas que me matan. No habrá viento por fuerte que sea que me haga dar un paso atrás. Pero a pesar de todo esto, he de confesarte que hay días cómo hoy, que me duele quererte. Me duelen las horas sin ti. Mi vida sin ...