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Desarmado ante sus demonios

Se convirtió en sicario del tiempo. Mató cada segundo de sus días y la mantuvo allí, en esa fotografía. Ella le dijo que no podía ofrecerle lo que él pedía. Y se marchó. Dejándolo expuesto al dolor más insoportable. Y lo único que podía hacer era convertirse en carcelero y hacerla cautiva en aquella fotografía. Y la hacía suya sin tenerla. Sin permiso. Y amaba esos ojos que lo miraban directamente. Aquella mirada que muchas noches sólo le prodigó a él. Y su pelo negro. Y su vestido de gasa. Y el reloj diminuto en su muñeca. Y las piernas bien contorneadas que se adivinaban al traslúz. Y esa sonrisa que descubría la punta de unos dientes blancos. La amaba entera. Y lo mataba su ausencia. Y amaba aquella ausencia por venir de ella. Pero detestaba no haberla podido retener. No supo hacerlo. Ella tenía un mundo entero de miedos en su interior y él aún sabiéndolo, no pudo luchar contra eso.  Por más que buscó en el baúl del desván, no encontró las armas precisas. Aún se pregunta, cómo...

Pídeme

Pídeme que te quiera y lo haré. Pídeme que te escriba y llenaré tu vida entera de palabras que ni imaginabas que existiesen. Pídeme que te dibuje y pintaré cada momento de tu existencia con trazos inimaginables. Pídeme que te espere y me convertiré en tren parado por el tiempo. Pídeme tiempo y arrancaré las agujas a todos los relojes del mundo. Pídeme un sueňo y me convertiré en el mismo Morfeo. Pídeme una flor y haré que la primavera se convierta en la única estación de tu vida. Dime que quieres ser barco y me transformaré en puerto. Pídeme amor y me personificaré como Eros. Pídeme que te ame y lo haré con absoluta locura. Pídeme un poema y seré  la mejor entre todas las poetisas. Pídeme el sol y seré amanecer permanente. Pídeme lo imposible y yo lo haré posible para ti. Pero lástimame una sóla vez y me convertiré en la más amarga de las ausencias y en el más largo de los olvidos, que hayas tenido que soportar jamás.

El arquitecto de las letras

Eres el poeta que derramando letras forma un poema, pretendiendo no dejar que me mantenga en pie. Construyes un puente con tus palabras para que yo lo cruce. Pero me mantengo firme a pesar de mi indecisión. Y guardo mis ganas en el bolsillo de mi vestido. Sé hasta dónde de profundo pueden calar unas palabras. Eres arquitecto capaz de construir besos en versos, caricias en prosa, amor en rimas y deseos en sonetos. Ingeniero de sílabas que crea un mundo entero en una estrofa. Y me atrapas, puede ser. Y lo admito, a ratos lo admito. Pero te diré algo. Si algo he aprendido es que los que escriben son mentirosos. Se inventan  ilusiones, palpitar de corazones. Se inventan historias, amor y desamores. Y están completamente locos. Y no te creo. Para nada te creo. Y aunque el alma de un escritor es única y diferente, sigo sin creerte. Será porque cuándo tú jugabas a escribir...ya era escritora yo.

Primavera rechazada

Esparcí por su vida todos los momentos de mi primavera. Supuse que el aroma de las flores nuevas que brotaban, le gustaría. Así que le regalé todo marzo, abril y mayo envuelto en papel celofán. Con todos sus días y sus noches. Madrugadas en flor cómo el cerezo preñado que hay en mi jardín. Pero él, era más de invierno. Declinó todo aquello y me dejó el alma como un auténtico iceberg. Ahora solo espero que regresen  los meses de primavera...para descongelarme.

Blanco y negro

Al salir de la cama se percató que los colores habían desaparecido. No había color en ninguna parte, en ningún lado. Blanco y negro en el arcoiris, en las sábanas, en la llama prendida de la chimenea. En las acuarelas que antaño eran todas explosiones de color. Blanco y negro en los días, en los cristales, en el televisor, en las notas del piano, en los acordes de su guitarra. En el cielo, en el mar, en las huellas al salir de la ducha. Blanco y negro en las mentiras, en el desamor y en las promesas no cumplidas. En el dolor que le quemaba la garganta. Y en los besos perdidos. Hasta los abrazos eran esbozos sin color. En las flores que  nacían en el jardín. Y en el sol insolente que lo miraba.Y en las calles desiertas de su vida. Y en su bicicleta. Y en las tapas de los libros. Ella no sólo le destrozó el corazón al marcharse, sino que había tenido la desfachatez de llevarse todos sus colores. Ahora estaba obligado a dibujar en carboncillo hasta los trazos de su alma. Y a él......

Detrás del espejo

Detrás del espejo para que no me lleguen tus te quiero. Que no me alcancen tus palabras, dardos envueltos de ternura que amenazan con abatirme sin piedad. Tus pasos sigilosos rondan por mi mente y aunque te hayas descalzado, puedo oirte venir. Procuro mantener la distancia que pretendes acortar. Me tiendes la mano y dudo si acercarme. No quiero rendirme a esto. No quiero caer. Prefiero mantenerme en pie. Detrás del espejo me siento segura. Llevo puesta una armadura que tiene varias grietas ya a pesar de ser de acero. Hubo espadas que acertaron y caí malherida demasiadas veces. Y sí. Lo confieso. Tengo miedo. Y me paro. Aunque a veces, mis pasos me lleven irremediablemente a ti. Aunque haya momentos que me rinda, cuándo las fuerzas me agotan y no me dejan pelear. Es entonces cuándo me tienes. Pero luego vuelvo a marcharme y lo sabes. Y te quedas mirándome con calma. Y me llamas suavemente. Creo que sabes cómo llegarme. Conoces mi talón de aquiles y lo usas a tu favor. No quiero que m...

Flores para ti

¿ Qué sabes de mi vida?. Ni te imaginas quién soy cuándo llego a mi casa y me quito el maquillaje. Centímetro a centímetro va quedando la piel al descubierto. Ya no hay máscara, nada me cubre ni me oculta. La que está frente al espejo soy yo, tal cuál. Tampoco me importa lo que pienses de mí. Pero soy la misma que tal vez un día tengas la desgracia de conocer. Yo no me arrepentiré. Tú, estoy segura de que sí. No hay sentimientos, aprendí que no valen para nada. Nada me inmuta. Nada me conmueve. No hay súplica que me haga tener un ápice de piedad. No nací así, eso está claro. Pero no voy a exponer los motivos que me hicieron convertirme en la persona que soy hoy. Me da pereza y nunca me gustaron las explicaciones. Ni cortas ni largas. Soy parca en palabras. Tampoco me agrada que me hablen, si no es totalmente necesario. Engraso mi arma, la cargo y la dejo cerca de mí. No sé cuántas balas dispararé mañana, ni a cuántos tendré que oir suplicar por su rastrera vida. Lo que sí sé es que ...