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Devoluciones

Mi vida, mis sonrisas, mis momentos, mis sueños, mis anhelos, mis alegrias, mis ilusiones, mis ganas, mis locuras, todo eso te llevaste en los bolsillos cuándo te marchaste. Por favor, devuélveme todo eso y yo  prometo devolverte, las lágrimas, las tristezas , la desolación y la decepción que me dejaste en su lugar. Y de paso cuándo nos veamos, me devuelves  también esa parte del aire que  me pertenece...así lo mismo podré volver a respirar. Ah! Y la música. Aquí hay demasiado silencio.

Las dos medias Lunas

Cuenta la leyenda que se enamoraron y se amaron en una playa dónde pasaban las vacaciones por primera vez, aún mucho antes de que lo admitiesen realmente.  El amor que sentían el uno por el otro era tan intenso como el sol de aquellos días de verano. Les quemaba en todos y cada uno de sus poros. Cuando hacían el amor, simplemente se devoraban. Cada abrazo dolía. Cada caricia dejaba un reguero de fuego. Cada beso dejaba una marca. Porque más que besarse, se mordían. Cada gemido viajaba y  se introducia en lo más profundo de ellos.  En un acuerdo tácito y callado decidieron que aquello les marcara de por vida.  Eran tan iguales, que pensaban que ya se habían conocido en otro lugar, en otra parte, quizás en otra vida.  No necesitaron decirse nunca, que aquello duraría lo que tarda el verano en convertirse en  otoño. Y que los pedazos de aquél amor caerían al suelo, como esas hojas que el otoño regala.  Demasiadas cosas les separaban. Pero aún así,...

Siempre la música

Se sentó junto a mí y escuchó con absoluta ternura y atención la historia de mi vida. Luego la escribió, le puso música y me hizo una canción.  Esto es lo que pienso al escuchar ciertas canciones. A veces nos sentimos tan identificados con la letra...que no podemos evitar pensar que en qué momento de tu vida le contaste sobre ti...

Pensaba en voz alta...

 Pienso... que no se puede exigir nada que no se esté dispuesto a dar. Que las explicaciones no valen a quién no escucha. Que la gente desconfiada no es de fiar. Que quién piensa mal antes de tiempo, no merece la pena como persona. Que detesto la gente que cree estar en posesión todo el rato de la verdad. Que a veces una se tiene que plantear que si por lo que está luchando le sale rentable al corazón. Que a veces se gana más dejando a alguien en su error que intentar convencerlo de algo que de antemano te va a costar sacar toda la artillería pesada.  En fin... pensaba en voz alta..

Una pregunta

"Él cruzaba la esquina con la rapidez que da el llevar prisa. Ella la cruzaba con la prisa guardada en los bolsillos. Inevitable fue el que chocaran. Supieron en ese momento que el destino actuó a favor de los dos. Aquello duró lo que tardó en que a ella se le borrara del dorso de la mano, el número de teléfono que él le anotó. ¿Cuánto duró? 

La misma sensación

Pienso que todo el mundo tiene una canción que como por arte de magia te transporta a un lugar cada vez que la escuchas. Un olor, capaz de hacerte evocar años pasados olvidados. Un recuerdo, que quedó tatuado para siempre en lo más hondo. Un secreto inconfesable, guardado bajo la llave de tu propia vida. No importa cuántas diferencias nos separen. Ni de qué países procedamos. Ni de que sexo seamos, ni que religión prediquemos... Todos estamos unidos por todas estas cosas tan sencillas y a la vez tan importantes.

Trini ( Una historia Real)

Por razones que no vienen a cuento me cambié de entidad bancaria, hace cuestión de un mes. Fue entonces cuándo la vi por primera vez. En la puerta de ese banco siempre está Trini. Trini es conocida en ese barrio. Es una señora que está prácticam ente en los huesos, alcohólica y con problemas mentales. Vive en la calle y va de un lado a otro murmurando a solas. Cada vez que la veo, no puedo evitar pensar que por qué no se la llevan a cualquier sitio dónde la puedan cuidar. Donde coma en condiciones y pueda ser atendida correctamente. Supongo, que es porque le da igual al mundo. No hay nadie a quién le importe un puto bledo Trini. Hoy, al ir a banco, estaba en la puerta de espaldas a mi, con la cabeza gacha. Me acerqué a ella y vi como intentaba encender una colilla con otra colilla a la que le daba caladas para evitar que se apagara. Le dije que no hiciera eso, que tirara esas porquerías, que le daría tabaco mientras buscaba la pitillera en mi bolso. Le ofrecí cuatro cigarros, mientr...